16 de julio, 2026 - 07h30En estos días, círculos de ciudadanos cuencanos –en la urbe o radicados en el país– dialogan sobre la posibilidad de analizar el presente mundial y el porvenir de la humanidad desde enfoques positivos. Estas posturas rescatan los aportes sociales de la ciencia y la tecnología, elementos que invitan al optimismo. Dicha posición contrasta con el extendido pesimismo que domina el análisis contemporáneo, sobre todo en los ámbitos intelectual y filosófico, los cuales sostienen que el planeta enfrenta un escenario casi apocalíptico debido al deterioro ambiental, la extinción de especies, el calentamiento global y el omnímodo control emocional de la población.Los optimistas presentan datos irrefutables sobre la reducción de la pobreza mundial. Demuestran que la capacidad de consumo actual es un fenómeno inédito y que las condiciones materiales de existencia son las mejores de la historia para un segmento importante de la población; todo esto, paradójicamente, a pesar de una desmesurada e inviable concentración de la riqueza en pocas corporaciones.Este intercambio, que a menudo alcanza la intensidad de un debate necesario, enriquece la reflexión ciudadana y genera opinión pública. Por un lado, se evidencian aspectos notables de superación material en la vida individual y social; por otro, surgen profundas preocupaciones por la centralización del poder económico y el avance de la inteligencia artificial sobre las personas. La realidad muestra un dominio evidente sobre las mayorías para que sostengan, como consumidores, un sistema diseñado para el lucro y el poder político –objetivos que excluyen la ética y atentan contra el sistema democrático–.La esencia del análisis contemporáneo radica en esta subordinación tecnológica, ejercida a través de la comunicación, el mercadeo y la publicidad. De hecho, el plano político actual utiliza los mismos recursos persuasivos provenientes del ámbito comercial y de ventas.No cabe duda de que, en general, las condiciones materiales de la población son superiores a las del pasado. Sin embargo, tampoco se pueden negar los niveles de manipulación digital dirigidos a fortalecer el mercado y a lograr que la comunidad global responda a los intereses de quienes producen conocimiento, un sector ligado indisolublemente al poder financiero. Como consumidores de objetos y espectáculos estamos mejor que nunca; no obstante, nuestra condición de ciudadanos deliberantes se proyecta hacia una alienación absoluta. La única salida es reaccionar y fortalecer la reflexión fundamentada en principios y valores humanistas; de lo contrario, la aspiración de participar activamente en el destino de la humanidad será una quimera.En definitiva, el confort material contemporáneo se ha transformado en el sutil mecanismo de nuestra claudicación democrática. Satisfecho en su consumo y adormecido por entornos algorítmicos agresivos, el individuo abdica de su rol como ciudadano deliberante sin oponer resistencia. La gran victoria de este sistema no radica en la fuerza, sino en habernos convencido de que la pérdida de nuestra libertad es un precio justo a pagar por la comodidad alcanzada. (O)
Juan Morales Ordóñez: La claudicación del confort | Columnistas | Opinión
La única salida es reaccionar y fortalecer la reflexión fundamentada en principios y valores humanistas.






