Después de muchos años de trabajo formal en instituciones u organizaciones, muchos ecuatorianos que se encuentran en esa condición reflexionan diariamente –quizá más que antes– sobre la situación del mundo y del país. Expresan su sentir y sus criterios en círculos de amigos y familiares que, debido a esa dinámica social, en algunos casos se constituyen como verdaderos centros de pensamiento y de propuestas ciudadanas. Seguramente pasa lo mismo con individuos que provienen de otros espacios, como pueden ser los empresariales, comerciales o artísticos. Ese fenómeno social también es el de otras personas que han dedicado su vida a diferentes actividades laborales y profesionales. Muchos de ellos están pendientes del derrotero histórico del Ecuador y tienen puntos de vista al respecto. Es necesario que toda esa fuerza moral que representan las opiniones cívicas converja en procesos que las rescaten y las hagan visibles socialmente. Estos grupos de compatriotas forman parte de un importante segmento social que, desde su formación y experiencia, ve la situación global y siente, de manera especial, la realidad local de nuestro país. Aquellos que, siendo parte de esos grupos, tienen la posibilidad de expresarse públicamente en medios de comunicación locales o nacionales, lo hacen con pertinencia y con un alto nivel de conciencia de lo que significan el país y el concepto de patria.Este interés por lo público no es exclusivo de un sector: ciudadanos de todas las clases sociales y generaciones comparten la misma preocupación cívica. Sus diversas miradas enriquecen el análisis del presente nacional y ayudan a proyectar el futuro colectivo de la nación.Los empresarios, un grupo muy fuerte por el rol que cumplen en la sociedad, tienen criterios propios sobre la vida, la sociedad y el futuro. Los jóvenes, igualmente. Los trabajadores y empleados, privados y públicos, representan un sector social importante. Los grandes y pequeños comerciantes ven el mundo desde donde lo viven, como todos. Los agricultores, los trabajadores informales, los desempleados y aquellos que sobreviven en la pobreza –que son tantos en nuestro país– también tienen criterios sobre las cosas y reivindican sus puntos de vista.El sistema democrático, doctrinariamente, los considera a todos y, a través de la figura de la representación ciudadana, resuelve el objetivo de satisfacer las necesidades comunes para la construcción del bienestar colectivo. Las ideas de la democracia definen la estructura jurídica del Estado. Sin embargo, por las grandes diferencias económicas y de educación, la mayoría de los políticos que dedican –idealmente– su vida al servicio público lo distorsionan, porque no están preparados moralmente para esas altas funciones.Por eso es necesario que los actores sociales, sobre todo aquellos que consideran que tienen ideas que aportan al mejoramiento de las condiciones de vida de la población, hablen entre sí en un proceso de convergencia que debe incluirlos a todos en su diversidad y en sus perspectivas. Me parece que la ciudadanía se organiza y ese es un buen síntoma de una contemporaneidad caracterizada por el deterioro de las instituciones formales. (O)