25 de julio, 2026 - 06h00La Política (con mayúscula) es el espacio donde la sociedad dirime sobre temas colectivos que no se resuelven a través de interacciones individuales o de pequeños grupos. Ejemplo, el futuro de las jubilaciones, decidir si se prefiere al actual sistema de monopolio estatal obligatorio e ineficaz o soluciones de mercado mucho mejores aunque imperfectas, o una combinación de ambos, y si en cualquier caso se quiere subsidiar a ciertos grupos, cuáles y en qué montos. Y así hay muchos ejemplos. La política (con minúscula), convertida en un espacio rehén de ciertos grupos, toma decisiones a base de sus intereses particulares, sean directamente económicos (obras, contratos, empleos, etc.) o políticos (elecciones o reelecciones). Siempre trato de entender que la política es complicada y, opinando desde afuera, estamos sujetos a la frase “no es lo mismo con violín que con guitarra” (aunque también se convierte en un buen pretexto para los abusos) y no siempre dimensionamos la dificultad real de tomar esas decisiones minimizando el sesgo particular (que casi siempre existe) y maximizando la evaluación colectiva. Estemos claros que las dificultades son fundamentales: ¿qué es la colectividad?, ¿cómo reflejamos sus orientaciones? La propia teoría económica nos enseña que no existe método democrático que traduzca las preferencias individuales en un orden colectivo coherente . Y por la suma de intereses y dificultades genuinas, aparece el populismo que, en uno de sus tantos enfoques, consiste en tomar decisiones para dar gusto a la opinión light de la gente, para captar apoyo y votos, en contraposición al interés de la propia colectividad. Esto (intereses, poder, populismo) se ve hoy en Ecuador, en temas económicos como el aumento de ingresos estatales para cubrir gastos de dudosa calidad, o la evidente persecución a partidos o autoridades políticas de oposición para limpiar la cancha en las próximas seccionales. Pero me centro hoy en dos temas que lo reflejan de manera clara. Uno. El Museo Nacional, obra importante, pero no prioritaria que requería de un proceso meditado, entre expertos, con tiempo y una sensata consulta a la gente. No se lo hizo, y cuando las redes explotaron de disgusto se cambió de rumbo para consultar. Bien, pero la consulta se abrió del viernes al mediodía hasta el sábado a las 18:00, para luego extenderla hasta el ¡domingo 09:30! Insultante y risible. ¿El Museo tiene una urgencia tan impresionante? ¿Por qué tiempo tan limitado? ¿Qué se escondía? ¿Acaso para evitar más fuertes evaluaciones y críticas? ¿Podía perder “quien debía ganar”? En este caso, si decimos “populismo” quedamos cortos, si decimos “ciertos intereses” quizás nos acercamos a la verdad.Dos. Las continuas vacaciones y la del Mundial. ¿Acaso son actos de poder y vanidad, porque obviamente debe generar un enorme placer hacer lo que nadie más puede decretar en la sociedad? ¿Un mensaje sobre nuestra mediocridad, festejando así un avance en apenas la primera fase del Mundial? ¿La necesidad constante de desligarnos de la vida diaria y otorgarnos un poco más de circo, aunque en esencia el aporte es casi nulo?Temas que marcan visiones (negativas) profundas. (O)