Lo queramos o no, los individuos, en el recorrido vital que significa nuestra existencia personal, dejamos huellas en la historia general, en el caso de aquellos que tienen incidencia en esos espacios y, todos, en la historia de nuestras relaciones como hijos, vecinos, profesionales, esposos, padres o ciudadanos. En ocasiones, la traza de nuestro andar es positiva y, en otras tantas, negativa. No siempre procedemos coherentemente con nuestros referentes morales y, a veces, por el contrario, incidimos positivamente en la vida de quienes están cerca de nosotros y de la comunidad. Somos seres humanos esencialmente perfectibles. El error nos define, así como también el acierto, cuando nos desprendemos de la búsqueda del interés personal, para ubicarnos y actuar en los ámbitos del servicio y del respeto al otro y al entorno. Hay quienes, por diferentes circunstancias, desde edades tempranas, comprenden y viven la interdependencia con los otros y con el medioambiente, sin siquiera reflexionar sobre ese comportamiento. Simplemente son buenos. Los otros, deambulamos, buscando y a veces encontrando el sentido de la vida. Dejamos huellas que, sin ambages ni retórica, nos definen en el plano de la interrelación con los otros seres humanos. También dejamos marcas de nuestro transitar como integrantes de un entorno ambiental, de un planeta, porque nuestras acciones diarias en la relación con los recursos naturales, siempre finitos, son evidentes y nos muestran de cuerpo entero. Ese nivel de conciencia de la existencia y de las relaciones con los otros y con el entorno natural es, para algunos, la forma más sofisticada, depurada e inteligente de vida. Ser claros y lúcidos sobre lo que somos y causamos, tanto en el plano interpersonal como en el ambiental.Desde esta última perspectiva, los conceptos “huella de carbono” y “huella hídrica” son cada vez más claros para quienes están comprometidos con la sostenibilidad y la preservación del medioambiente, y lo serán aún más, por el paso del tiempo y la precariedad y escasez de los recursos naturales, sobre todo del agua.Todos podemos conocer la cantidad de gases de efecto invernadero que emitimos. Obviamente que las organizaciones y toda actividad también pueden ser medidas desde esa perspectiva. El impacto de nuestro estilo de vida deja una marca ambiental. La forma en que nos transportamos –ya sea en las ciudades, a nivel nacional o en vuelos internacionales–, el consumo de energía en el hogar, la alimentación y nuestros hábitos diarios conforman nuestro rastro de carbono. La huella hídrica es el impacto de la utilización individual o grupal del agua. El líquido vital está presente en todas nuestras formas de convivencia. Casi todo lo que consumimos o utilizamos necesita de ingentes volúmenes de ese elemento. A modo de ejemplo, el uso de la inteligencia artificial requiere de cantidades enormes de agua para la refrigeración de los centros de datos, así como para la generación de la energía que utilizan.Tener consciencia de la huella y del impacto de nuestro paso por la historia es necesario para quienes buscan ser coherentes con sus ideales y referentes morales. (O)
Juan Morales Ordóñez: Huellas e impactos | Columnistas | Opinión
Tener consciencia de la huella y del impacto de nuestro paso por la historia es necesario para quienes buscan ser coherentes con sus ideales...














