En tiempos en que la “incertidumbre radical”, provocada desde las más altas esferas del poder global, parece haberse convertido en la norma, resulta inusual encontrar motivos para el optimismo. Pero una voz potente nos recuerda que aún es posible un mejor mañana.Pese a rencillas polarizantes, redes sociales que nos idiotizan, algoritmos que condicionan decisiones, guerras que siguen cobrando vidas y de crisis sanitarias, persiste una esperanza: que aún somos capaces de reconocer la dignidad inherente a toda persona.El papa León XIV acaba de ofrecernos una lección de liderazgo ético, que no busca los beneficios del mercado, sino que rescata la valía de colocar a la dignidad humana en el centro de nuestras decisiones. Su encíclica Magnifica humanitas rescata la esencia de los derechos inherentes a todos los seres humanos frente a los retos que nos presenta ese cambio deshumanizante.El papa nos pide confrontar los retos de nuestros tiempos con “claridad de pensamiento y responsabilidad”. Nos llama a evitar el “síndrome de Babel”, que nos divide al incapacitarnos para escuchar al otro que tiene una posición distinta; a buscar el diálogo, construir acuerdos y cultivar la justicia y la fraternidad. La tecnología puede convertirse en un factor de riesgo, advierte la encíclica, cuando el control de las plataformas, la infraestructura tecnológica, los datos y el poder computacional no está en manos de los Estados, sino de actores tecnológicos poderosos. Estas entidades imponen efectivamente las condiciones de acceso, determinan las reglas de visibilidad y limitan las posibilidades de participación. “Cuando tal poder está concentrado en las manos de unos pocos, tiende a ser opaco y evadir la supervisión pública, incrementando el riesgo de formas distorsionadas de desarrollo que crean nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones e inequidades”, dice León XIV.El espacio de esta columna limita un análisis profundo de la encíclica, pero debo concluir con uno de los temas más relevantes señalados por el papa y que debe movernos a la reflexión y a la acción. Dice que es hora de un nuevo paradigma económico. En la era de la inteligencia artificial y la robótica, no podemos depender solo de la “mano invisible del mercado”. Debemos orientar las tecnologías hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno, la inclusión social y la distribución equitativa de los beneficios de la innovación, sin perder de vista la dignidad de la persona humana.Es, sin dudas, un momento de inflexión en la historia de la humanidad. Hay que reconocer los extraordinarios avances que hemos alcanzado gracias a la inteligencia, la creatividad y la capacidad de colaboración de los seres humanos.La historia demuestra que nuestros mayores logros han sido posibles cuando la cooperación ha prevalecido sobre la confrontación. El llamado del papa es, en esencia, un llamado a preservar nuestra humanidad. En una época fascinada por la velocidad de la innovación y el poder de la tecnología, nos recuerda una verdad elemental: ningún avance tendrá sentido si olvidamos que la dignidad humana debe seguir siendo el principio y el fin de toda acción colectiva. (O)
Luis Gallegos Chiriboga: El rescate de la dignidad humana | Columnistas | Opinión
La historia demuestra que nuestros mayores logros han sido posibles cuando la cooperación ha prevalecido sobre la confrontación.













