Meta humanosLos tiempos cambiaron. Los ciudadanos también.
“Se nos ha incitado a renunciar a la valentía, a hacer de la cobardía una virtud”, escribe Roberto Calasso en La actualidad innombrable. Me niego a creer que esa sea la realidad en Guatemala, a pesar de que existe una narrativa que busca convencernos de que entre la corrupción y la política hay un matrimonio inquebrantable. Muchos hemos escuchado la frase “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, la cual sugiere que los gobernantes son un reflejo de la cultura, los valores y la indiferencia de la sociedad que los elige.
Hago un llamado a convertirnos en nobles de corazón; que la hidalguía de espíritu sea nuestro norte. Recordemos que esta es la tierra de los volcanes: majestuosos, indomables; para algunos, dormidos. Pero quien observa con paciencia sabe que el volcán siempre avisa: un temblor leve, una bocanada de humo distinta, señales pequeñas e imperceptibles para los distraídos. Por fuera parece quieto, pero por dentro está vivo. Y un día, sin aviso para quien no quiso mirar, se manifiesta y redefine el paisaje por completo.
Estamos en un momento en el que conviene decirlo con claridad, especialmente en un medio como este: los ciudadanos no somos los mismos de antes. Y esa realidad impone una tarea doble: acompañar y exigir a quienes ostentan el poder, y recordarles que la autoridad no es licencia, sino carga. Por eso hago un llamado a la nobleza de espíritu: a actuar con valentía y con un serio sentido de responsabilidad. Hoy, la Corte Suprema de Justicia, el presidente y el Congreso tienen la oportunidad —y el deber— de garantizar nuestro futuro, cada uno desde el ámbito que la ley le asigna.








