02/06/2026 06:00 Actualizado a 02/06/2026 07:06 Vivimos atrapados entre el pasado y el futuro. Sin embargo, en la actualidad, cuando se trata de explicar el presente, este se construye y se explica a través de mitos, memorias y relatos, carentes en la mayoría de los casos de base histórica. Y, cuando se utilizan datos o hechos, muchas veces se hace de manera parcial o descontextualizada para, como argumentaba Margaret MacMillan, abusar de la propia Historia. Esas narrativas presentistas suelen simplificar la realidad a través de tres cuestiones. Primero, configuran un “ellos” frente a un “nosotros” ocultando que, como muestra Constantine Kavafy en su poema Esperando a los bárbaros, esos enemigos quizás no existan. Segundo, muestran a las sociedades europeas como impermeables a cualquier intercambio social y cultural, además de superior a otras culturas. Y tercero, omiten la diversidad de la propia Europa actual.Esos discursos olvidan que la historia de Europa es el resultado de encuentros y desencuentros, de entradas y salidas, y que esos movimientos de población, y por tanto de culturas, no son una lacra, sino un elemento enriquecedor. Nuestro pasado, tanto español como europeo, se caracteriza por el contacto continuo entre culturas, por el paso de diferentes pueblos por el territorio y por los intercambios de población. La exitosa cantante Aya Nakamura o varios jugadores de la selección española de fútbol son algunos ejemplos recientes del impacto de los movimientos de población que se suman a otros miles de ejemplos históricos sobre esta misma cuestión.La película Chocolat (2016), basada en el libro del historiador Gerard Noiriel, narra la historia de un emigrante africano en el circo francés. Se trata de una buena muestra de todas estas cuestiones en pleno siglo XIX, momento en el que aparecen una parte importante de las tensiones raciales. Lo excepcional no es que exista presencia migrante en Europa y que se hayan configurado sociedades diversas, sino que todavía se mantengan comunidades impermeables a todas estas dinámicas a lo largo de la historia.En los últimos años han aparecido varios libros que, realizados con el rigor de la Academia y con una redacción ágil que facilita su lectura, realizan un análisis histórico sobre estas cuestiones y permiten rebatir con argumentos sólidos las teorías de prioridad nacional.Manifestación nacionalista en Madrid, convocada por Vox Kacper Pempel / ReutersOlivette Otele, investigadora y docente en la SOAS University de Londres, publicó hace unos años Europeos Africanos (Catarata, 2024). El propio título ya supone una provocación para aquellos sectores que niegan que se puedan tener múltiples identidades. En el libro, la autora analiza las conexiones a lo largo del tiempo y del espacio entre Europa y África, demostrando que las trayectorias de estos africanos-europeos están integradas en sus historias locales y regionales. Negar a estas personas, tanto en el pasado como en el presente, impide trazar una radiografía general sobre el pasado europeo.Eduardo Manzano, profesor de investigación en el Instituto de Historia del CSIC, publicó España diversa. Claves de una historia plural (Critica, 2024). En la obra, el autor defiende la tesis de que el pasado de este país es un “mosaico de diversidad” y que cada uno de los pueblos que ha transitado por la península ha dejado un legado sociocultural que no se puede obviar ni despreciar. Esto le permite al profesor Eduardo Manzano ofrecer una nueva lectura sobre España en la que se derrumban algunos de los mitos más repetidos en relación con la historia de España (“Reconquista”, “descubrimiento de América”) y se ponen en valor cuestiones relegadas a un segundo plano como, por ejemplo, la cultura islámica o judía en la península.En las últimas semanas, a los debates sobre emigración se ha unido el concepto de preferencia nacional, fruto de los pactos de PP y Vox para formalizar acuerdos de gobierno en diferentes comunidades autónomas. Lejos de ser una novedad, este giro hacia una cultura política racista tiene raíces históricas. Existen numerosos estudios que han analizado la evolución histórica sobre esta cuestión y han demostrado que su principal consecuencia es la fragmentación de las sociedades y que, en ningún caso, es la solución para ningún problema.Lee tambiénGerard Noiriel escribió un breve ensayo titulado Préférence nationale: Leçons d'histoire a l'usage des citoyens (Gallimard, 2024). Noiriel sostiene que la preferencia nacional es un mito fabricado a finales del siglo XIX para fragmentar la unidad de los trabajadores, desplazando el conflicto social hacia el origen étnico. El autor alerta sobre la trampa del lenguaje, donde términos antes considerados racistas se presentan ahora como verdades racionales, logrando que el debate de identidad oculte los problemas reales. No obstante, también evidencia que el tema de la preferencia nacional surge por la tensión evidente entre democracias (basadas en los derechos humanos) y los Estados-Nación (sustentados sobre temas identitarios)Al normalizar este discurso, se logra invisibilizar la verdadera cuestión social y transformar el malestar ciudadano en un resentimiento hacia el otro que solo sirve para proteger determinadas ideologías y erosionar el sistema democrático y la convivencia ciudadana. Además, los trabajos de Otele y Manzano también desmontan el argumento de que la preferencia nacional defiende una identidad común. Lo que en muchas ocasiones se presenta como tradición, es el resultado de intercambios culturales. En el caso concreto de España habría que sumarle el enorme legado político, social y económico del movimiento migratorio de este país que se desplazó a Europa en la segunda mitad del siglo XX.El reto de la actualidad no es solo tener más conocimiento sobre el pasado, sino reflexionar sobre cómo lo utilizamos. La historia nos ha enseñado quiénes somos y cómo las fronteras, construcciones mentales de los Estados-Nación, son mucho más difusas y permeables de lo que se nos muestran en ocasiones. Ignorar todo eso no solo nos lleva a una distorsión del pasado, sino también a una simplificación del presente y, en consecuencia, a un problema para el futuro. Sergio Molina GarcíaProfesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Castilla-La Mancha Ver más artículos Profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y especialista en historia de la integración europea, de las relaciones francoespañolas y de las migraciones españolas a Europa en la segunda mitad del siglo XX
La Historia como antídoto a la 'preferencia nacional', por Sergio Molina García
Al normalizar el discurso de la 'preferencia nacional', se logra invisibilizar la verdadera cuestión social y transformar el malestar ciudadano en un resentimiento hacia el otro.
Molina García demuestra que la "preferencia nacional" es un mito fabricado a finales del XIX para fragmentar a los trabajadores. El concepto oculta problemas reales, transformando descontento en resentimiento étnico y erosionando la estabilidad democrática europea.











