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meta humanosNo necesitamos ir tan lejos para encontrar esperanza.
No puede parecernos normal un país donde miles de niños y niñas caminan horas para llegar a una escuela sin techo, pero con esperanza. Donde maestras enseñan con amor, aunque no tengan libros. Donde comunidades enteras se organizan para abrir una biblioteca con donaciones y sueños. Tal vez ha llegado el momento de reimaginar la educación como lo hicieron los grandes pensadores y reformadores. ¿Por qué no soñar como lo hicieron ellos? ¿Por qué no transformar como lo siguen haciendo hoy quienes creen, contra todo, que educar sigue siendo el camino?
Paulo Freire, desde Brasil, nos enseñó que educar es liberar; que la alfabetización no es solo aprender a leer palabras, sino leer el mundo. Gabriela Mistral, en Chile, hizo de la docencia una siembra de amor, justicia y cultura. Loris Malaguzzi, desde Italia, mostró que los niños tienen cien lenguajes para expresarse, y que el sistema educativo debe escucharlos a todos. Francesco Tonucci, con su proyecto de la Ciudad de los Niños, nos recuerda que si construimos los espacios pensando en la niñez, construimos un país más humano. Ellos entendieron algo esencial: educar es un acto político y profundamente humano. Y no necesitamos ir tan lejos para encontrar esperanza. Aquí, en nuestra Guatemala, también hay quienes reimaginan, luchan y enseñan desde la dignidad. Juan Pablo Romero Fuentes, desde Jocotenango, impulsa el patojismo, un modelo alternativo de educación que convierte ideas en acción y sueños en estructuras concretas. Él no esperó una política pública, construyó desde la comunidad una ciudad de los niños, donde se aprende desde el arte, el pensamiento crítico, la comida digna y la escucha activa.






