Mientras decenas de millones de niñas no pueden ir a la escuela, en nuestro mundo de desganado cinismo aprender se ve como algo superfluo
En el mundo privilegiado, ir a la escuela puede ser un hábito aburrido y banal, y la educación un bien nada brillante, mucho menos valioso que el dinero y el éxito. Fuera de aquí, la educación es a veces un don por el que vale la pena arriesgar la vida, y caminar hacia la escuela y pasar el día en ella puede ser un sueño que no se cumpla nunca, o una trampa mortal. En Gaza, el ejército israelí se ha especializado heroicamente estos últimos años en
2026-01-11/la-generacion-perdida-bajo-las-bombas-en-gaza-ojala-quienes-vienen-detras-de-mi-tengan-la-suerte-de-estudiar-y-sonar-sin-miedo.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/planeta-futuro/2026-01-11/la-generacion-perdida-bajo-las-bombas-en-gaza-ojala-quienes-vienen-detras-de-mi-tengan-la-suerte-de-estudiar-y-sonar-sin-miedo.html" data-link-track-dtm="">bombardear las escuelas con la misma saña que los hospitales. En sus tiendas de refugiados en su propio país, niños y niñas rescatan libros y cuadernos escolares de los escombros y aprenden caligrafía donde pueden, en papeles rotos, en los márgenes de periódicos y libros medio quemados.






