14 de julio, 2026 - 07h30Las familias ponen la esperanza en la educación. Sin embargo, los actuales estudios demuestran que solo la educación no garantiza cambios favorables. Se requiere apoyo estatal, social y familiar. Por ejemplo, un estudiante que llega sin desayuno y con altos niveles de estrés difícilmente responderá a los procesos educativos. A las universidades llegan los sobrevivientes de los niveles educativos previos, y ahí se forma la fuerza laboral calificada que sostendrá las sociedades. Hace años, en las universidades se aprobaban las asignaturas, exclusivamente, a través de exámenes. Luego se incorporó la valoración de tareas. Sin embargo, muchos desertaban y pocos se graduaban.Las instituciones ajustaron poco a poco sus requisitos de aprobación para cumplir con las exigencias del entorno, sostener su financiamiento y ampliar oportunidades. Entre los argumentos más sólidos está la idea de que un solo examen no debe definir la suerte de un estudiante y que se requieren evaluaciones formativas.Actualmente, los sistemas de evaluación universitaria están matizados por varias tareas, proyectos y exámenes. Adicionalmente, para quienes no logran aprobar se crearon los exámenes remediales, las segundas, terceras y cuartas oportunidades. No cabe duda de que esos cambios tienen aspectos positivos, las personas aprenden a no rendirse y vuelven a intentarlo. Y aquello es bueno, no obstante, al crear tantas oportunidades, aquello puede ser un terreno que abone a la procrastinación.Si bien las múltiples oportunidades logran disminuir la repitencia y deserción de estudiantes. También las múltiples oportunidades –si se desea hacerlas bien– encarecen los costos operativos en las instituciones educativas; pues se requiere más tiempo de preparación, más personal docente, ajustes en las plataformas educativas y en los registros de calificaciones, es decir, se requiere una infraestructura importante (humana y tecnológica) para sostener y documentar las múltiples oportunidades.Pero, existe el peligro de que las múltiples oportunidades profundicen la procrastinación y debiliten el prestigio de las instituciones. Para prevenir los aspectos negativos, un mecanismo es darles un precio; es decir, establecer costos económicos a los exámenes atrasados, de recuperación, remediales y otros. Aquello puede motivar a los usuarios a mejorar su rendimiento y a las familias a apoyar mejor a sus hijos.Otros dos peligros acarrean las múltiples oportunidades. El primero es la saturación del mercado: si las universidades arrojan una gran cantidad de profesionales al mercado y aquellos no tienen posibilidad de trabajar, atentará contra su prestigio. El segundo es si los egresados carecen de competencias reales; aquello también mina el prestigio institucional. Sin embargo, confieso que es gratificante ver la sonrisa de quienes logran aprobar, luego de intentarlo varias veces. Porque cada estudiante rezagado lleva en sí historias de luchas individuales, falta de apoyo familiar, social, y condiciones emocionales difíciles. (O)
Judith Pinos Montenegro: Múltiples oportunidades | Columnistas | Opinión
Cada estudiante rezagado lleva en sí historias de luchas individuales.
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