Estamos en el momento más complejo de la vida democrática del país, pues de la voluntad de los votantes depende si Colombia se entrega de lleno al ‘comunismo puro y duro’ que representa el ‘heredero’ de la ideología ‘progre’ o si, por el contrario, motivados por la desastrosa gestión del gobierno saliente, por la incitación al odio y a la lucha de clases, y por la pérdida de derechos fundamentales como la salud, se decide recuperar la democracia y salvaguardar las libertades que ofrezca un gobierno que rechace la tiranía, busque el bienestar, la seguridad y la prosperidad de todos los colombianos, y gobierne para 54 millones de habitantes, no solo para unos pocos que la izquierda ha convertido en sus siervos gracias a los subsidios que el gobierno reparte a discreción, comprando simpatizantes, conciencias y votos.Aún estamos a tiempo de corregir el rumbo del país, si somos conscientes de lo que estamos a punto de perder en caso de que la izquierda siga en el poder. Ha quedado claramente demostrado, con el lamentable ‘experimento zurdo’ de estos últimos cuatro años, que esta ideología política nunca ha estado preparada para gobernar, no busca el bienestar de la población, no tiene los conocimientos suficientes para dirigir la economía ni tampoco la seguridad y, mucho menos, la defensa del país. Lo que la izquierda ha querido es gobernar, posiblemente para llenarse los bolsillos con la corrupción rampante que nos ha tocado presenciar y con la impunidad que se ha generado desde el mismo Solio de Bolívar. Posiblemente, muchos ciudadanos no se han dado cuenta o no han logrado comprender que actualmente estamos dominados por los principios marxistas que aplica la ideología del jefe de Gobierno. Con sus declaraciones sobre que las fachadas de las casas son espacios públicos, lo que está corroborando es la aplicación de uno de los principios socialistas: que no existe la propiedad privada. El paso que seguramente dará su ‘heredero’, si llega a quedar en el poder, es asignar vivienda en las casas y apartamentos de quienes han trabajado toda su vida, para que compartan el alojamiento con las huestes que manipulan, al igual que ha sucedido en Cuba, Venezuela y otros países donde lamentablemente se han atornillado.Los constantes comentarios del Ejecutivo sobre un posible fraude en el proceso electoral hacen parte del libreto zurdo en caso de que el ‘heredero’ no gane la Presidencia. Eso le servirá para incitar a los terroristas de la primera línea, a los narcoterroristas que tanto han defendido, a los colectivos que han conformado bajo el concepto de guardias campesinas, cimarronas e indígenas, sumados a los esclavos de los ‘huevitos’ y de los subsidios, para que salgan a incendiar el país. Es imposible entender que la fuerza pública no pueda intervenir eficientemente frente a los desmanes de los terroristas que tratan de destruir la propiedad pública y privada. También es difícil razonar que, bajo el sofisma de la paz total, se promueva la impunidad de criminales de lesa humanida.Parece que la izquierda quiere generar no solo un terremoto político, sino emplear todas las estrategias para mantener el poder. Por ello, desde el primer día de gobierno, han estado corriendo la ‘línea ética’ para comprar conciencias y, por consiguiente, asegurar los votos para estas elecciones. El billete de 50 o el de 100 que entregará la corrupción para comprar el juicio de algunos votantes solo servirá para alimentarlos un día, mientras que ellos y sus familias seguramente sufrirán hambre el resto del año. Muchas personas se han dejado arrastrar por la dialéctica y la narrativa zurda, que busca encender los ánimos para generar una guerra civil en caso de que no se cumplan los propósitos de los cabecillas. Sin embargo, lo que estas personas no razonan es que los caciques comunistas siempre han vivido en la opulencia y están llenos de privilegios, mientras flotan sobre los hombros del proletariado que explotan y mantienen cautivo. Serán estos quienes les servirán de escudo protector ante una escalada violenta.Ciertamente, los colombianos nos merecemos un país distinto al que hoy compartimos. Por ello, al triunfar sobre un posible gobierno socialista, la nueva administración del país, con sus políticas públicas, proyectos, metas, principios y valores, seguramente devolverá la esperanza de progreso y bienestar a toda la población.Menciona con gran inteligencia la fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella, José Manuel Restrepo, que después de esta amarga experiencia se requiere recuperar el valor de la familia como célula básica de la sociedad, recuperar la educación sin ideologías, defender la vida y respetar a los niños, lo cual, sin duda, cambiará a la Colombia que defendemos.Es un deber y un derecho asistir masivamente a las urnas para salvar a Colombia. Todos los votos cuentan y, como recomienda claramente Paulo Guevara Rodríguez: ‘No bote su voto, Colombia lo necesita’.