12 de julio, 2026 - 07h30Cuando estaba en el colegio había una materia llamada Educación, Moral y Cívica. Nos enseñaban que ser ciudadano no era solo tener derechos, sino también asumir deberes, respetar los símbolos patrios, honrar la historia y cuidar la ciudad. En esa misma época, la oratoria ocupaba un lugar importante en las competencias intercolegiales. Recuerdo haber participado en una cuyo tema era: “El Guayaquil que yo quiero”. Recuerdo a mi padre ayudándome a pulir las ideas, a mi maestro guiándome en el arte de la oratoria y a mí estudiando el discurso hasta la noche.Hoy esa memoria vuelve con fuerza. No solo por nostalgia. Vuelve porque aquella pregunta de colegio sigue siendo profundamente actual: ¿qué Guayaquil queremos? Siendo muy joven, soñaba con un Guayaquil limpio, seguro, ordenado y humano. Un Guayaquil del que pudiéramos sentirnos orgullosos no solo por su historia, sino también por sus valores, su carácter y su vocación de futuro.Con los años entendí que Guayaquil no es solo una ciudad, es una causa. Y toda causa necesita ser asumida y renovada por cada generación. Guayaquil tiene una larga tradición cívica. Ha sido una ciudad de comercio, de trabajo, de solidaridad, de iniciativa, de libertad y de carácter. Una ciudad que muchas veces ha sabido levantarse, organizarse y aportar al país. Con el tiempo, sin embargo, el civismo parece haberse debilitado y alejado de la convivencia diaria. He visto organizaciones y empresas donde los valores compartidos solo tienen fuerza cuando se convierten en hábitos, decisiones y formas concretas de actuar. En nuestra ciudad, esos valores se expresan en el trabajo, la responsabilidad, la honestidad, el respeto, la solidaridad, la libertad y el amor cívico. Y para que no se queden en buenas intenciones necesitan personas que los vivan, instituciones que los cuiden y liderazgos que los conviertan en realidad. Así como en las empresas miramos buenas prácticas para aprender y mejorar, Guayaquil puede mirar a ciudades latinoamericanas como Medellín, Curitiba o Montevideo, y aprender de sus experiencias de transformación cívica. En ese espíritu, en este mes en que Guayaquil conmemora un nuevo aniversario de su proceso fundacional, recibimos con esperanza la reactivación de la Junta Cívica, presidida por Miguel Ángel González, quien desde la Cámara de Comercio de Guayaquil ha demostrado liderazgo.La Junta Cívica puede proyectar hoy su vocación histórica hacia los desafíos del presente: convocar, escuchar, articular, liderar iniciativas y ayudar a que ese amor por Guayaquil se traduzca en una estrategia compartida y en compromisos concretos. Uno de sus mayores aportes puede ser abrir una conversación amplia, plural y constructiva sobre la ciudad que queremos construir. En la que ciudadanos, barrios, empresarios, universidades, jóvenes, organizaciones sociales e instituciones podamos pensar juntos la seguridad, el orden, la limpieza, los espacios públicos, la vegetación, la convivencia y el futuro de la ciudad. Porque el Guayaquil que queremos puede nacer de muchas voces, pero solo se hará realidad con responsabilidad, participación y amor activo por ella. Hoy siento que el Guayaquil que queremos vuelve a ser una tarea renovada para todos. (O)