18 de junio, 2026 - 06h00La historia de América Latina, con raras excepciones, oscila entre la polarización, las revoluciones, el populismo y la democracia empobrecida. Regímenes políticos precarios, dictaduras recurrentes, instituciones que son mascarones de proa de la burocracia, ficciones constitucionales y una población desencantada son, quizá, las notas que nos caracterizan. Perú es una democracia de apretados sorteos, de incertidumbres constantes que, por extrañas razones, no contaminan a la economía. Seis expresidentes están presos por corrupción. Es un país dividido a la espera del próximo cataclismo político, de los venideros discursos y de los mandatarios designados por el Congreso. ¿Es una república?Argentina, marcada por el peronismo y el radicalismo, experimenta ahora la incursión del libertarismo de Javier Milei. A Chile llegó la derecha; viene después de devaneos izquierdistas, intentos de refundación constitucional, recuerdos dictatoriales, pero con una fuerte tradición de legalidad que la distingue. Colombia, agobiada por sesenta años de violencia y fallidos intentos de pacificación, polarizada, enfrenta soluciones que reafirman el radicalismo y esa tradición de sorteo de nuestras democracias. Venezuela, ejemplo de república fallida, intervenida, agobiada por la bárbara experiencia del chavismo, no parece tener soluciones institucionales distintas a las del intervencionismo norteamericano. Nicaragua es testimonio de cómo el totalitarismo y la magia pueden sobrevivir. El Salvador ensaya una solución autoritaria. En Bolivia, el presidente enfrenta los tumultos comandados por Evo Morales.Cuba vive la eterna dictadura castrista; es el ejemplo de hasta dónde puede llegar la construcción del socialismo en desmedro de la libertad y cómo puede un dogma liquidar la economía y las esperanzas de la gente. México no ha superado la herencia de la dictadura camuflada del PRI, que, por setenta años, ejerció una extraña democracia de partido único. Persisten, como excepciones al descalabro democrático, Costa Rica y Uruguay. Lo demás es la repetida y vieja historia de Gobiernos quebrados, tumultos, elecciones, constituyentes, refundaciones y legalidades hipotéticas. El Ecuador, por cierto, es parte de semejante relato de mala calidad política, de populismo, crisis institucional, violencia, miedo, el repetido recurso a las elecciones y a los demás lugares comunes del novelón por entregas que es nuestra historia.Mientras tanto, crece la migración y, pese a todos los obstáculos, la gente se va, y no deja buscar otro espacio con oportunidades y sin bloqueos, con posibilidades y sin tanto miedo. Los índices de migración, los montos de las remesas que provienen del trabajo de los que se fueron son la mejor evidencia de la falta de funcionalidad de la democracia electoral, y del hecho de que las inadecuaciones institucionales y la nulidad de las clases políticas están en el vértice de la explicación de los más serios y persistentes problemas humanos de nuestros países.Esta vieja historia ¿es incidental o es crónica? (O)