Opinión
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CatalejoEn América Latina se está dando en este momento un fenómeno notorio: el regreso de regímenes promotores del liberalismo económico y la derrota de regímenes dirigidos por autodenominados “progresistas”.
La diferencia de la teoría democrática con la realidad ha sido profunda desde tiempos de la Grecia clásica, hace dos milenios y medio. Uno de los elementos más notorios es la creación de los gobiernos por medio de la elección mayoritaria de candidatos relacionados con partidos políticos. Pero cuando estos no son institucionales, con ideología, sino simples agrupaciones electoreras creadas y financiadas por aspirantes autonombrados o financiados con fondos de origen desconocido, no debe extrañar a nadie su corta vida política, pues son agrupaciones con fines electoreros. Aunque no sea siempre así, la diferencia entre quien gana y el vencido en segunda vuelta debe ser analizada de manera distinta para no despertar en el vencedor la ilusión de ser líder.
En América Latina se está dando en este momento un fenómeno notorio: el regreso de regímenes promotores del liberalismo económico y la derrota de regímenes dirigidos por autodenominados “progresistas”, debido al hastío ciudadano de gobiernos corruptos e incumplidores de sus promesas de campaña, sin importar cómo se autodefinan ideológicamente. La victoria electoral se está logrando por mínimas cantidades tanto de votos como de porcentaje. Es importante tomar en cuenta la participación, pues el ausentismo es una forma de manifestarse políticamente al rechazar a los participantes en segunda vuelta, así como los votos nulos, otra forma peor de rechazo. Los votantes por el perdedor no cuentan y eso lleva a conclusiones equivocadas.
















