En el fragor de las últimas contiendas electorales proliferan las acusaciones entre los contendientes acerca de que el oponente está poniendo en cuestión la democracia. Y en el ámbito de la reflexión, han aparecido en las últimas semanas varios informes alarmantes en torno al estado de la democracia en América Latina. Esta singular coincidencia parece un buen indicador del aumento de la preocupación por la gobernabilidad democrática en la región. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acaba de emitir un informe general sobre democracia y desarrollo en la región, con un título bastante indicativo, Democracias bajo presión, donde señala en su prólogo que las tensiones presentes “se desarrollan en un contexto en el que las democracias enfrentan presiones nuevas e interconectadas. La polarización política se ha intensificado. El crimen organizado y las economías ilícitas han ampliado su influencia en algunos contextos. Las plataformas digitales y la inteligencia artificial están transformando el espacio público y la forma en que las personas participan en la vida política”. Al mismo tiempo, ha aparecido un monográfico sobre las condiciones de gobernabilidad en América Latina, producido por la revista española Tiempo de Paz, que encabezan Paquita Sauquillo Y Carlos F. Liesa, que hace un repaso de las tendencias estructurales y de contexto que establecen las bases de esa gobernabilidad democrática en la región. Junto al análisis de la coyuntura económica, de seguridad y violencia y el aumento de los flujos migratorios, la representante de Idea Internacional para América Latina, Marcela Ríos, exministra de justicia de Chile, analiza las condiciones de la democracia en la región, entre la resiliencia y el desencanto.