El di�logo social debe ser la gran f�brica de soluciones para reducir el absentismo, y para eso es fundamental el compromiso de los sindicatos.El absentismo laboral se ha convertido en uno de los mayores desaf�os para la competitividad. No es una percepci�n ni un debate ideol�gico. Es una realidad que ahoga cada d�a a miles de empresas y, especialmente, a las peque�as y medianas, que carecen del margen organizativo y financiero necesario para absorber su impacto. Para muchas de ellas, el absentismo ya no es un problema m�s de gesti�n, sino el principal riesgo para su viabilidad y, en demasiados casos, el factor que termina empuj�ndolas al cierre.En el sector log�stico, por ejemplo, el absentismo alcanza ya el 8%. Cada d�a dejan de acudir a su puesto de trabajo unas 103.000 personas, lo que supone alrededor de 175 millones de horas perdidas al a�o. Son cifras que reflejan la dimensi�n de un problema que lastra la productividad y la capacidad de crecimiento de nuestras empresas.Conviene despejar desde el principio un falso debate. Combatir el absentismo no significa criminalizar las bajas laborales justificadas ni cuestionar un derecho esencial de los trabajadores. Quien enferma o sufre un accidente debe contar con toda la protecci�n del sistema. Pero proteger ese derecho tambi�n exige actuar contra quienes abusan del sistema, cometen fraude y perjudican a las empresas, a sus compa�eros y al conjunto de los contribuyentes.Porque el absentismo tiene un elevado coste econ�mico y social. Lo pagamos las empresas, que perdemos productividad y capacidad de crecimiento; lo pagan las arcas p�blicas, sometidas a una presi�n creciente; y lo pagan los trabajadores comprometidos que cada d�a acuden a su puesto y deben asumir una carga adicional para cubrir las ausencias de otros. Ignorar esta realidad no protege derechos; debilita la sostenibilidad del sistema y erosiona la calidad del empleo.Precisamente por su complejidad, el absentismo no admite soluciones simples. Tiene m�ltiples causas y exige un cat�logo amplio de medidas. El debate no puede limitarse al control o a la penalizaci�n, aunque ambos son muy necesarios. Hay que perseguir el fraude, que lo hay, pero tambi�n actuar sobre las causas que est�n disparando las bajas y prolongando innecesariamente muchos procesos de incapacidad temporal.Inacci�n gubernamentalResulta intolerable que el Gobierno no haya impulsado hasta ahora ninguna medida para afrontar un problema que las empresas venimos denunciando a gritos desde hace a�os. Como tambi�n lo es que la ministra de Trabajo protagonizara la �ltima campa�a electoral con un libro titulado La abolici�n del trabajo, generando un clima de desprestigio hacia el valor social del empleo, o que el art�culo de los permisos del Estatuto de los Trabajadores se haya modificado en 13 ocasiones desde 2015.Una parte importante del problema tiene su origen en el colapso del sistema sanitario. Las listas de espera para pruebas diagn�sticas, consultas con especialistas o tratamientos retrasan la recuperaci�n de miles de trabajadores y alargan bajas que podr�an resolverse mucho antes. No porque el trabajador no pueda reincorporarse, sino porque el sistema no tiene capacidad para ofrecer una respuesta �gil. Esa ineficiencia acaba traslad�ndose a las empresas, que soportamos un injusto sobrecoste que no hemos provocado. Por eso es imprescindible aprovechar todos los recursos disponibles. Las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social cuentan con profesionales altamente cualificados, medios t�cnicos e infraestructuras hoy infrautilizados. Permitir una mayor participaci�n en la gesti�n de las altas y bajas contribuir�a a reducir los tiempos de espera y agilizar los procesos.Del mismo modo, es necesario avanzar hacia una verdadera interoperabilidad entre los servicios p�blicos de salud y las mutuas. Compartir informaci�n, coordinar actuaciones y eliminar barreras administrativas permitir�a gestionar los procesos con mayor rapidez. Al tiempo, resulta imprescindible invertir en atenci�n primaria, principal cuello de botella del sistema, y reforzar la inspecci�n m�dica para garantizar un seguimiento m�s eficaz de las incapacidades temporales. Un mejor control no significa menos derechos; significa proteger mejor un sistema que debe ser sostenible para seguir garantiz�ndolos.No partimos de cero. Existen experiencias interesantes. El programa impulsado por la Xunta de Galicia, dise�ado en el marco del di�logo social, acredita que la colaboraci�n entre administraciones, empresas y sindicatos puede reducir tiempos y mejorar resultados. Esa debe ser la hoja de ruta. Un problema de esta magnitud solo puede resolverse desde el acuerdo. El di�logo social debe ser la gran f�brica de soluciones para reducir el absentismo y para eso es fundamental el compromiso de los sindicatos. Adem�s, junto al trabajo de patronal y sindicatos, ser� imprescindible la colaboraci�n del Gobierno y las comunidades aut�nomas.Las empresas tambi�n estamos reaccionando internamente porque la legislaci�n actual no nos ayuda con la ultraprotecci�n del puesto de trabajo. Y aqu� la gesti�n importa, midiendo el absentismo por departamentos, puestos, turnos y causas; diferenciando entre bajas cortas, largas o repetitivas; identificando patrones de comportamiento y actuando sobre las causas; adem�s de reforzando el liderazgo cercano y la formaci�n de los mandos intermedios.Reducir el absentismo no es recortar derechos. Consiste en proteger a quienes realmente los necesitan, perseguir el fraude, reforzar nuestro sistema sanitario y garantizar que las empresas puedan seguir creando empleo, riqueza y bienestar. Seguir mirando hacia otro lado ya no es una opci�n.El di�logo social debe ser la gran f�brica de soluciones para reducir el absentismo, y para eso es fundamental el compromiso de los sindicatosFrancisco Aranda Manzano, Presidente de UNO, Organizaci�n Empresarial de Log�stica y Transporte