EditorialEl problema es estructural y no puede abordarse desde la demagogia. Hacen falta propuestas claras y no improvisadasEmpleados trabajando en una f�brica madrile�a.Actualizado Mi�rcoles,

julio

23:33Audio generado con IACon el absentismo laboral, Espa�a afronta un problema estructural que afecta simult�neamente a la productividad, a la sostenibilidad de la Seguridad Social y a la competitividad del tejido empresarial. Ignorarlo es una irresponsabilidad.Las cifras dejan poco lugar para la duda. El absentismo se ha disparado desde la pandemia y sit�a a Espa�a entre los pa�ses europeos con mayor incidencia de las bajas por incapacidad temporal. El coste supera ya los 30.000 millones de euros y cada d�a m�s de un mill�n de personas dejan de acudir a su puesto de trabajo. La inmensa mayor�a de esas bajas responde a situaciones m�dicas reales, cuyo derecho a la protecci�n resulta indiscutible. Pero precisamente por ello conviene distinguir entre la leg�tima incapacidad temporal y las disfunciones de un sistema cuya gesti�n se ha demostrado claramente insuficiente.Las causas son m�ltiples. El envejecimiento de la poblaci�n activa, el aumento de las patolog�as de salud mental, las listas de espera sanitarias o la mayor estabilidad laboral tras la reducci�n de la temporalidad han alterado profundamente el comportamiento del mercado de trabajo.El debate es necesario, porque defender los derechos de los trabajadores debe ser compatible con preservar la viabilidad de las empresas que crean empleo y garantizar que un sistema concebido para proteger a quien enferma no pierda credibilidad por la ausencia de reformas. Por eso Espa�a debe aprender de las experiencias europeas. Algunos pa�ses -como B�lgica- imponen mayores cargas econ�micas a las empresas; otros -como Alemania- refuerzan el papel de las mutuas y de la inspecci�n m�dica para agilizar las recuperaciones y evitar bajas innecesariamente largas. No existe un modelo �nico, pero s� una conclusi�n compartida: proteger al trabajador enfermo es plenamente compatible con combatir los abusos y mejorar la eficiencia del sistema.La discusi�n abierta por Alberto N��ez Feij�o, que calific� de �c�ncer� el absentismo, no deber�a alimentar la demagogia. Pero para ello es esencial que los argumentos sean claros, rigurosos y no improvisados. El desaf�o es muy complejo y exige propuestas a la altura.