Cuando Nathy Peluso mostró en sus redes sociales su nueva figura, varias tallas menos de lo habitual, entre los emoticonos de fueguitos, las declaraciones de amor y los “divina”, “guapa”, “reina” se colaron las críticas por haber utilizado Ozempic para adelgazar. Es decir, le echaron en cara haber tomado la vía fácil, a lo que ella respondió con un vídeo en el que aseguraba, con su particular estilo comunicativo, que ese cuerpo era fruto del esfuerzo. “Gimnasio, cardio, piso, pilates, escaleras, 10.000 pasos al día o más, pollo, pescado, espárragos, boniato, papa (...) Yo soy una perra laburadora”, enumera la artista de origen argentino como los ingredientes de la receta que ha seguido. O ‘la verdad de la milanesa’, expresión que utilizan en su país natal para indicar que esos son los hechos reales y que ella ha incluido en el texto de su publicación.

Este es solo uno de los múltiples ejemplos del juicio público al que se someten las celebrities cada vez que realizan un cambio radical en su aspecto. A la cirugía estética para rejuvenecer o librarse de grasa incómoda para el canon de belleza, se han unido estos fármacos agonistas del GLP-1 como el mencionado Ozempic, Mounjaro o Wegovy, entre otros, que anulan la sensación de hambre y facilitan la pérdida de peso de forma rápida. En un principio estaban orientados al tratamiento de personas con diabetes de tipo II, pero cuando se comprobó que también podrían ser de ayuda para pacientes con obesidad o sobrepeso su fama se extendió. Primero entre los personajes públicos; ahora entre la población anónima que los puede conseguir con una receta (en Estados Unidos ni siquiera es necesaria) o comprarlos en el mercado negro a un precio que ronda los 230 euros.