En un país donde el agua suele darse por sentada, Bosco Quinzaños Oria decidió replantear la forma en que la consumimos. El fundador y director de Casa del Agua, convirtió la captación de agua de lluvia en un modelo de negocio que combina innovación, sustentabilidad y diseño, con el objetivo de demostrar que este recurso puede transformarse en un producto de la más alta calidad. En entrevista para Milenio, el directivo comparte cómo nació el proyecto, los desafíos de competir con las grandes embotelladoras y la visión que impulsa a la empresa hacia un futuro en el que el agua se ofrezca como un servicio y la educación ambiental sea parte fundamental de su propuesta.¿Cómo nació Casa del Agua y cuál fue su visión para convertir el agua de lluvia en un producto de consumo?Emprender nace de motivaciones muy distintas para cada persona. En mi caso surgió de una búsqueda de propósito. Por mi historia familiar siempre existió una profunda valoración de la naturaleza, los ecosistemas y la sustentabilidad. Particularmente, desarrollé una fascinación por la lluvia. Me asomaba por la ventana durante las tormentas de la Ciudad de México y pensaba: “Qué riqueza tenemos. ¿Qué darían quienes viven en el desierto por contar con esta agua?”.Ahí está el origen de Casa del Agua: resignificar el agua de lluvia, aprovecharla y llevarla a su máximo propósito, que es el consumo humano. Desde el inicio decidimos que debíamos ofrecer el mejor producto posible: el mejor diseño, la mejor botella y, sobre todo, la mejor agua.Tuvimos claro que debía ser la de mayor calidad del mercado. Para lograrlo desarrollamos un proceso mucho más complejo y costoso que el de otras marcas. Captamos el agua de lluvia, la llevamos a un nivel de pureza absoluta —H₂O químicamente pura, sin partículas ni sólidos disueltos— y posteriormente la remineralizamos mediante dolomita para reincorporarle minerales esenciales, principalmente magnesio y potasio. Así recupera conductividad y un pH adecuado.¿Cuál fue el mayor desafío durante los primeros años?El principal reto fue romper la percepción de que el agua de lluvia en la Ciudad de México no podía aprovecharse. Paradójicamente, durante gran parte de la historia de la humanidad fue la principal fuente de agua dulce para consumo. Con el tiempo dejamos de captarla, probablemente porque resultó más sencillo abrir la llave que recolectarla.Con los consumidores finales la aceptación fue muy rápida. Les resultaba fácil conectar con la idea de beber agua de lluvia y, cuando la probaban, descubrían su calidad.Donde sí enfrentamos una competencia mucho más dura fue con restaurantes, hoteles y distribuidores, porque ahí entrábamos en una dinámica tradicional de precio, presentación, servicio y condiciones comerciales.Además, competimos contra grandes corporaciones. Somos una empresa 100 por ciento mexicana con una propuesta única en el mundo, pero nuestro tamaño sigue siendo mucho menor. Ellas cuentan con acuerdos comerciales y capacidades de negociación que representan una barrera importante para empresas como la nuestra.