En la CDMX vivimos una paradoja: cantidad de colonias y delegaciones tienen una creciente escasez de agua mientras que cada que llueve sufrimos inundaciones por doquier: calles, avenidas, metro, hogares, etc. Como tantos problemas que tenemos, el tema de ningún modo es nuevo, es un problema no resuelto desde hace décadas. Hay por lo menos dos componentes: el agua potable y las aguas residuales. En ningún caso hemos logrado una adecuada gestión del vital líquido, esto puede poner en riesgo la vialidad de la Ciudad de México, que no deja de crecer y cuya infraestructura demanda cada vez más agua. En la semana que termina hubo un aguacero que abarcó diversas partes de la CDMX. Es el preámbulo de lo que se avecina, toda vez que no estamos de lleno en la época de lluvias. Lo ocurrido es como la llovizna que anticipa la tormenta. No deberá ser sorpresa que las inundaciones estén a la orden del día. Simultáneamente, tendremos poca agua potable, en particular en algunas delegaciones como Iztapalapa, cuya escasez de agua es histórica. Desde la perspectiva económica no es tan difícil analizar el problema. Es un tema de oferta y demanda de agua. Todos demandamos agua: hogares, empresas, sector público; y todos la queremos en abundancia y pureza suficiente para poder beberla. Esto conforma la demanda. Con el crecimiento de edificios cada vez más altos en la Ciudad, la demanda de agua sólo crece. La oferta es otra historia. Se le denomina producción de agua. En estricto sentido no se produce, pues no es como producir un par de zapatos, pero así se dice al proceso de extracción del liquido a través de fuentes superficiales o subterráneas. Existe un umbral de recuperación de las fuentes de agua: a través de su ciclo, acuíferos, ríos y lagos se recargan naturalmente. Si se extrae una cantidad que no los degrade no hay problema. Esta es la oferta sostenible, pero generalmente no es suficiente para satisfacer la demanda. Así ante una demanda creciente y una oferta de agua limitada, lo que se presenta es la degradación de fuentes de agua. Si a lo anterior agregamos la contaminación de estas fuentes, la oferta sostenible es todavía menor. ¿Cómo cerrar la brecha? Es muy fácil decirlo, pero en extremo difícil de instrumentar. La brecha entre oferta y demanda se puede cerrar reduciendo la demanda e incrementando la oferta. Suena fácil, cual decir abracadabra. ¿Cómo hacerlo? La reducción de la demanda implica hacer un uso más optimo del agua: tener en hogares dispositivos ahorradores de agua, como poner en los inodoros cajas con descargas para líquidos y sólidos; regaderas en todas las llaves para lavado de manos entre otras medidas. La industria debe hacer su parte a través del cumplimiento de las Normas Oficiales que la obliga a devolver la naturaleza el agua utilizada después de haberla tratado, esto ayuda a incrementar la oferta. La infraestructura hídrica de la Ciudad requiere mantenimiento. Cada fractura de tuberías de agua implica desperdicios que reducen la oferta disponible. El adecuado mantenimiento es parte de la solución. Esto implica un adecuado cobro por la prestación del servicio. Toda el agua utilizada debe tratarse antes de devolverse a sus fuentes. Al hacerlo la naturaleza hace su trabajo y permite que se pueda convertir en agua para consumo humano. Pero es un gran pendiente tanto de Gobiernos como de empresas. La buena noticia en el tema de la gestión del agua es que es posible hacer algo. El problema es que es en extremo difícil de aplicar y que implica voluntades de los tres sectores que componen la sociedad: sociedad, empresas y Gobierno. Vale más que nos pongamos las pilas y lo hagamos antes de que el problema sea más grave de lo que ya es. Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
El problema de la gestión del agua, escribe Darío Ibarra
En la CDMX vivimos una paradoja: cantidad de colonias y delegaciones tienen una creciente escasez de agua mientras que cada que llueve sufrimos inundaciones por doquier: calles, avenidas, metro, hogares, etc. Como tantos problemas que tenemos, el tema de ningún modo es nuevo, es un problema no resuelto desde hace décadas. Hay por lo menos dos componentes: el agua potable y las aguas residuales. En ningún caso hemos logrado una adecuada gestión del vital líquido, esto puede poner en riesgo la vialidad de la Ciudad de México, que no deja de crecer y cuya infraestructura demanda cada vez más agua. En la semana que termina hubo un aguacero que abarcó diversas partes de la CDMX. Es el preámbulo de lo que se avecina, toda vez que no estamos de lleno en la época de lluvias. Lo ocurrido es como la llovizna que anticipa la tormenta. No deberá ser sorpresa que las inundaciones estén a la orden del día. Simultáneamente, tendremos poca agua potable, en particular en algunas delegaciones como Iztapalapa, cuya escasez de agua es histórica. Desde la perspectiva económica no es tan difícil analizar el problema. Es un tema de oferta y demanda de agua. Todos demandamos agua: hogares, empresas, sector público; y todos la queremos en abundancia y pureza suficiente para poder beberla. Esto conforma la demanda. Con el crecimiento de edificios cada vez más altos en la Ciudad, la demanda de agua sólo crece. La oferta es otra historia. Se le denomina producción de agua. En estricto sentido no se produce, pues no es como producir un par de zapatos, pero así se dice al proceso de extracción del liquido a través de fuentes superficiales o subterráneas. Existe un umbral de recuperación de las fuentes de agua: a través de su ciclo, acuíferos, ríos y lagos se recargan naturalmente. Si se extrae una cantidad que no los degrade no hay problema. Esta es la oferta sostenible, pero generalmente no es suficiente para satisfacer la demanda. Así ante una demanda creciente y una oferta de agua limitada, lo que se presenta es la degradación de fuentes de agua. Si a lo anterior agregamos la contaminación de estas fuentes, la oferta sostenible es todavía menor. ¿Cómo cerrar la brecha? Es muy fácil decirlo, pero en extremo difícil de instrumentar. La brecha entre oferta y demanda se puede cerrar reduciendo la demanda e incrementando la oferta. Suena fácil, cual decir abracadabra. ¿Cómo hacerlo? La reducción de la demanda implica hacer un uso más optimo del agua: tener en hogares dispositivos ahorradores de agua, como poner en los inodoros cajas con descargas para líquidos y sólidos; regaderas en todas las llaves para lavado de manos entre otras medidas. La industria debe hacer su parte a través del cumplimiento de las Normas Oficiales que la obliga a devolver la naturaleza el agua utilizada después de haberla tratado, esto ayuda a incrementar la oferta. La infraestructura hídrica de la Ciudad requiere mantenimiento. Cada fractura de tuberías de agua implica desperdicios que reducen la oferta disponible. El adecuado mantenimiento es parte de la solución. Esto implica un adecuado cobro por la prestación del servicio. Toda el agua utilizada debe tratarse antes de devolverse a sus fuentes. Al hacerlo la naturaleza hace su trabajo y permite que se pueda convertir en agua para consumo humano. Pero es un gran pendiente tanto de Gobiernos como de empresas. La buena noticia en el tema de la gestión del agua es que es posible hacer algo. El problema es que es en extremo difícil de aplicar y que implica voluntades de los tres sectores que componen la sociedad: sociedad, empresas y Gobierno. Vale más que nos pongamos las pilas y lo hagamos antes de que el problema sea más grave de lo que ya es. Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.












