Al comienzo de la guerra civil en Sudán, en abril de 2023, las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) ocuparon vastos territorios del país en ofensivas relámpago que arrollaron al ejército. En los últimos dos años, sin embargo, el grupo ha ido perdiendo el impulso y, tras varios reveses frente a las fuerzas regulares, la contienda se ha ido transformando en un conflicto de desgaste en el que los asaltos a grandes ciudades van precedidos de dolorosos asedios para someterlas. La última víctima de esta estrategia de cercos es la capital del Estado de Kordofán del Norte, El Obeid, en el centro de Sudán, donde viven más de medio millón de civiles, incluidos más de 100.000 desplazados. La ciudad se ubica en un punto clave entre los bastiones paramilitares, en el este y el sur del país, y los de las filas regulares en el centro, incluida la capital, Jartum. Desde junio, las RSF han desplegado a miles de combatientes alrededor de El Obeid, que permanece cercada por el norte, el oeste y el sur. Además, han intensificado los bombardeos con drones sobre la ciudad, matando a decenas de personas y golpeando sobre todo objetivos civiles, incluida la única salida que todavía controla el ejército, hacia el este. “Estamos observando patrones similares a los que ya hemos presenciado en otros lugares [de Sudán], en particular el cerco, los ataques contra infraestructuras básicas y el aumento de los precios dentro de la ciudad”, alerta Mona Rishmawi, miembro de la Misión de Investigación de Naciones Unidas para Sudán. “Se trata de una situación extremadamente preocupante”, advierte. Este lunes, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó una moción de condena contra el asedio de las RSF sobre El Obeid y acordó investigar de forma urgente los abusos perpetrados en la zona. Someter la ciudad Entre los blancos de los últimos ataques de los paramilitares, que reciben un holgado apoyo de Emiratos Árabes Unidos, figuran, al menos, ocho gasolineras repartidas por toda la ciudad y su principal subestación eléctrica, según un análisis reciente de imágenes de satélite del centro de investigación humanitaria (HRL, por las siglas en inglés) de la Universidad de Yale. Issam Mukhtar, miembro de la iniciativa local de desarrollo comunitario Kiyan, explica en un intercambio de mensajes de WhatsApp desde El Obeid que “cuando la central eléctrica fue bombardeada, la ciudad quedó prácticamente a oscuras”. Además, afirma que el impacto de los ataques contra gasolineras “ha sido enorme”, y detalla que antes un galón de gasolina, que equivale a unos 4,5 litros, costaba unas 32.000 libras sudanesas y ahora 240.000, o lo que es lo mismo, “ha pasado de unos 10 dólares a 73”. Cada vez que repartimos cestas de alimentos tenemos que parar porque se abalanza todo el mundo a nuestro alrededorIssam Mukhtar, miembro de la iniciativa local de desarrollo comunitario KiyanLa Red de Médicos de Sudán, un grupo independiente local, denunció a mediados de junio que los bombardeos a gasolineras y a la subestación eléctrica obligaron además a cerrar algunos centros médicos de la ciudad, incluidos centros de diálisis y servicios de urgencias. También consideró los ataques un intento de “mermar gravemente” la atención a heridos y enfermos. Otro objetivo de las RSF ha sido el mercado central de El Obeid, según el HRL de Yale, que ha sido bombardeado en un contexto de inseguridad alimentaria extrema. Mukhtar señala que “los alimentos siguen entrando por rutas de contrabando” y que “todavía hay mercados funcionando”, pero constata que “los precios son extremadamente altos” y califica la situación de “hambruna”. “Cada vez que repartimos cestas de alimentos tenemos que parar porque se abalanza todo el mundo a nuestro alrededor”, lamenta el voluntario. Además de los alimentos, el suministro de agua también se está viendo muy afectado. Medios locales aseguran que El Obeid cuenta con dos grandes fuentes de agua, pero una, situada en el norte, permanece bajo control paramilitar, y la otra, en el sur, ha sido atacada con drones. Mukhtar nota asimismo que “el suministro depende de la electricidad” y que “la mayoría de los pozos contienen agua salada que no es apta para el consumo y que es necesario filtrar antes”. Desde que estrecharon el cerco en El Obeid, las RSF han bombardeado igualmente centros médicos y objetivos cercanos a instalaciones sanitarias, escuelas, barrios residenciales, mezquitas y camiones comerciales, según recogen medios locales y el HRL de Yale, lo que está trastornando todavía más la vida cotidiana y sembrando un miedo generalizado. Estamos observando patrones similares a los que ya hemos presenciado en otros lugares [de Sudán], en particular el cerco, los ataques contra infraestructuras básicas y el aumento de los precios dentro de la ciudadMona Rishmawi, miembro de la Misión de Investigación de Naciones Unidas para SudánEste deterioro de la situación humanitaria ha ido acompañado del levantamiento de cientos de nuevas precarias estructuras temporales para alojar a personas desplazadas en campos establecidos dentro de la ciudad. “Es el único refugio en Kordofán y se ha convertido en el destino de desplazados de todo Darfur y de otras zonas de Kordofán”, apunta Mukhtar, que durante la conversación con este medio señaló que había “un dron sobrevolando la zona”. Estos campamentos de desplazados tampoco han esquivado los ataques de drones y a finales de junio la Red de Médicos de Sudán informó que un bombardeo en uno de los campos más masificados mató a dos personas e hirió a otras 19, incluidos nueve niños y tres mujeres. Aunque el ejército todavía controla una vía de salida de El Obeid, intentar huir de la ciudad resulta ya muy peligroso. El alto comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk, declaró el pasado viernes que “los constantes ataques contra vehículos en las rutas de salida hacen imposible marcharse”, aunque afirmó que, a pesar de ello, hay personas que están vendiendo pertenencias para poder pagar el “coste exorbitado del transporte” y escapar. “Hemos documentado casos de ejecuciones sumarias, secuestros, tortura y malos tratos, violencia sexual y saqueos a lo largo de las rutas que siguen las personas desplazadas en toda la región de Kordofán”, añadió.Mukhtar coincide en señalar que, a raíz de los ataques generalizados contra gasolineras de la ciudad y de la profunda escasez de combustible que han provocado, todo “el transporte se ha visto gravemente afectado” y “la gente se tiene que desplazar a pie”. Además, constata que “cualquier vehículo que esté en la carretera corre el riesgo de ser objetivo de los drones”. Que solo quede un corredor que conecte El Obeid con el resto de territorios bajo control del ejército también supone que la ayuda llega a cuentagotas y con riesgo de ser atacada. Con todo, organizaciones como la Media Luna Roja han enviado comida y suministros médicos en las últimas semanas, y el Gobierno ha despachado camiones con agua y equipos para cavar pozos. Mukhtar cuenta que desde Kiyan, que comenzó a trabajar antes de la guerra y hoy cuenta con unos 120 voluntarios, reparten cestas de alimentos, gestionan cocinas comunitarias, entregan agua potable y distribuyen kits de dignidad, sobre todo a mujeres. Pero lamenta que disponen de fondos muy limitados y que dependen cada vez más de donaciones directas de particulares. La sombra de masacres A medida que las RSF estrechan el cerco sobre El Obeid, crece el temor a que lancen un sanguinario asalto. En la última gran ciudad que tomaron, la capital de Darfur Norte, El Fasher, masacraron a miles de personas y llevaron a cabo secuestros, violaciones, torturas y saqueos de forma generalizada. Aún hoy, decenas de miles de civiles permanecen desaparecidos, y una misión independiente de la ONU halló “indicios de actos genocidas”. Aunque El Obeid no se encuentra en Darfur ni presenta una composición étnica similar a El Fasher, muchos temen que se repitan los abusos y masacres. “Primero cercan y luego atacan la infraestructura, debilitando a la población, en la mayoría de los casos por inanición”, indica Rishmawi. “Como pasó en El Fasher, la gente está extremadamente debilitada, simplemente no pueden escapar, y cuando entran [los paramilitares] se producen las atrocidades”, advierte. Para intentar evitarlo, el ejército ha blindado sus posiciones, levantado trincheras alrededor de casi todo El Obeid, establecido puestos de control en la única vía de acceso que controlan y desplegado artillería y drones, según medios locales y el HRL de Yale. Además, unidades de milicias aliadas han lanzado emboscadas para mantener a los paramilitares lo más alejados posible y han abierto frentes en otras regiones de Sudán para obligarles a desviar efectivos. Al mismo tiempo, las fuerzas regulares están lanzando mensajes de calma y aseguran que las RSF se encuentran relativamente lejos de El Obeid y que tienen capacidad para proteger la ciudad. Sin embargo, el ejército ya se ha retirado de grandes ciudades en varias ocasiones cuando no ha podido sostener sus posiciones, dejando atrás a la población civil. Rishmawi cree que aún “hay tiempo para prevenir” un asalto a la ciudad. Pero considera que la comunidad internacional “debe dar un paso firme al frente” y trasladar de forma “muy clara” que su destino “no pasará desapercibido”.
Apagones, hambre, sed y sin camino de huida: los paramilitares de Sudán asedian El Obeid
La capital de Kordofán del Norte y su medio millón de habitantes son la última víctima de la estrategia de cercos de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) para someter a grandes ciudades sudanesas









