Después de que los rebeldes tomaran toda Darfur, los combates se recrudecen en otras zonas pese al esfuerzo de Egipto y Estados Unidos de frenar la guerra

Tras asegurarse el control de la casi toda la región de Darfur con la atroz toma de la ciudad de El Fasher a finales de octubre, las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) de Sudán están dirigiendo ahora sus esfuerzos a expandir su dominio en la vasta región de Kordofán, en el centro-sur del país, donde el ejército regular intenta defender sus posiciones. La escalada de la violencia en la zona, donde se han producido nuevas atrocidades contra la población civil, tiene lugar en medio de una renovada ofensiva diplomática impulsada por Egipto y Estados Unidos para intentar alcanzar un alto el fuego humanitario.

Uno de los blancos actuales de las Fuerzas de Apoyo Rápido es la sitiada ciudad de Babanusa, el último bastión del Ejército regular en Kordofán Oeste, uno de los tres Estados que forman la región y limítrofe con Darfur. Desde la captura de El Fasher ―donde unas 2.000 personas fueron masacradas―, los paramilitares se han volcado en este frente y han sometido a los soldados atrincherados en su interior a ataques incesantes. El Ejército está reabasteciendo a sus efectivos por aire y golpeando a los rebeldes con drones, pero su situación es cada día más precaria. Activistas locales aseguran que, tras dos años de asedio, prácticamente toda la población de Babanusa, unas 177.000 personas, ha abandonado la ciudad.