La captura de la práctica totalidad de Darfur y de Kordofán Oeste por parte de los rebeldes acelera la división territorial de la nación y aleja las perspectivas de un alto el fuego
El pasado lunes, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) de Sudán asestaron un nuevo golpe al ejército con el que llevan más de dos años y medio inmersas en una feroz guerra civil. Sin encontrar oposición, los paramilitares tomaron Heglig, una zona en la frontera con Sudán del Sur donde se halla el mayor campo petrolífero del país. A pesar...
de la magnitud de la pérdida, las tropas regulares, atrapadas, decidieron no atrincherarse para evitar dañar las instalaciones.
La toma de Heglig marcó un nuevo punto de inflexión en el conflicto. El ejército y el gobierno militar han perdido una importante fuente de ingresos para sustentar su esfuerzo bélico, y los rebeldes se han hecho con una infraestructura estratégica. Casi más trascendental aún, con la captura de Heglig las Fuerzas de Apoyo Rápido extendieron su dominio sobre todo el oeste de la vasta región de Kordofán, en el centro-sur de Sudán, acelerando así la partición del país.
“La caída de Heglig acelera la fragmentación de Sudán y marca el inicio de una nueva fase del conflicto centrada en los recursos”, advierte Ali Mahmoud, exembajador de Sudán ante la oficina de la ONU en Ginebra. “La transformación de las RSF en un pseudo-Estado que controla recursos obligará a actores regionales, sobre todo a Sudán del Sur, a tomar decisiones pragmáticas, dolorosas y difíciles, que remodelarán alianzas y soberanías”, anticipa.






