La guerra de Sudán, que desde 2023 enfrenta al ejército regular con las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido y sus aliados, ha atravesado ya dos fases decisivas. En el primer año y medio de conflicto, los paramilitares llevaron la iniciativa y ocuparon amplias zonas del país. El pasado septiembre,

a-terreno-por-primera-vez-desde-el-inicio-de-la-guerra-civil.html%C2%B4" target="_blank" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2024-10-25/el-ejercito-de-sudan-gana-terreno-por-primera-vez-desde-el-inicio-de-la-guerra-civil.html%C2%B4" data-link-track-dtm="">el ejército empezó a revertir la situación y, tras meses a la ofensiva, recuperó el control del este y el centro, incluido, en mayo, el Estado donde se encuentra la capital, Jartum. Desde entonces, sin embargo, sus avances se han estancado y han dado paso a nuevos feroces combates contra unos paramilitares bien atrincherados en sus bastiones del sur y del oeste.

El principal frente de guerra se ha desplazado actualmente hacia la vasta región de Kordofán, que se divide en tres Estados y se extiende del centro al sur de Sudán. Su control es clave para ambos bandos. Al ejército, le daría un punto de apoyo desde el que atacar la región occidental de Darfur, el gran centro de gravedad de las Fuerzas de Apoyo Rápido. Para los paramilitares, retener Kordofán, donde también cuentan con redes de reclutamiento bien engrasadas, les permite erguir una defensa avanzada de sus feudos darfuríes y cimentar la división de Sudán.