En el último año, los paramilitares han ganado una notable proyección aérea, sobre todo con drones, desafiando la superioridad del ejército y causando estragos entre la población civil

A principios de enero, un enjambre de drones se adentró en los cielos de la ciudad de Merowe, en el Estado Norte de Sudán. El ejército regular informó unas horas después que habían sido lanzados por las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y derribados antes de golpear la mayor presa del país e instalaciones militares cercanas. Apenas unos días después, a cientos de kilómetros de distancia, fueron los rebeldes quienes presumieron de haber interceptado un dron del ejército mientras sobrevolaba Nyala, la capital de Darfur Sur y uno de sus bastiones.

Aunque el intercambio de golpes no generó mayores contratiempos, refleja la transformación que ha experimentado la guerra en Sudán en el último año. En 2025, las RSF, que reciben un holgado apoyo de Emiratos Árabes Unidos, evolucionaron de una fuerza eminentemente terrestre a una con notable proyección aérea, lo que le está permitiendo disputar el tradicional dominio de los cielos por parte del ejército. Esta reconfiguración, además, ha conducido la contienda a una fase de mayor sofisticación, con graves consecuencias para la población civil.