Desde la sombra, Abu Dabi ha armado una compleja y dinámica red de suministros clave para la maquinaria bélica de los paramilitares
Cuando el grupo paramilitar sudanés Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) tomó a finales de octubre la capital del Estado de Darfur Norte, El Fasher, los
tml" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2025-11-12/relatos-sobre-la-masacre-de-el-fasher-se-pueden-ver-los-litros-de-sangre-que-han-manchado-la-tierra.html" data-link-track-dtm="">testimonios de sus atrocidades empezaron a correr como la pólvora: ejecuciones, violencia sexual, torturas, humillaciones, secuestros. Las fuerzas rebeldes acababan de someter a la última gran ciudad del oeste de Sudán que seguía bajo control del ejército y grupos aliados, cimentando así la división del país en dos bloques, en una guerra civil que en dos años y medio se ha cobrado de decenas de miles de vidas.
La crueldad exhibida en El Fasher y la creciente partición de Sudán han vuelto a conmocionar a la comunidad internacional. Pero, además de esa condena global a las RSF, ha puesto de nuevo el foco en el papel de su principal aliado exterior, Emiratos Árabes Unidos, que, operando en gran medida desde la sombra, ha proporcionado desde el inicio de la guerra civil de Sudán un apoyo militar y político sin parangón al grupo rebelde (aunque oficialmente las autoridades emiratíes niegan esa intervención).







