Desde el inicio de la guerra civil en Sudán, las Fuerzas de Apoyo Rápido y milicias árabes aliadas han provocado incendios en centenares de localidades para acelerar su despoblación
Hajj Kater, un activista sudanés de la capital de Darfur Norte, El Fasher, se reencontró hace poco con su viejo amigo Ali en el hospital de Tina, una localidad en la frontera de Sudán con Chad. Su excompañero de clase estaba recibiendo tratamiento por las heridas sufridas cuando combatientes aparentemente afiliados a las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por las siglas en inglés) tomaron por la fuerza su aldea, Shartiba, a mediados de marzo.
Kater no sabe cuánta gente vivía en la aldea, pero por el relato de amigos y conocidos calcula que eran entre 13 y 20 familias. Todos los que sobrevivieron al ataque huyeron a campos de desplazados en el este de Chad, a sabiendas de que quizás no podrán volver nunca: su pueblo había sido calcinado como parte de la ofensiva paramilitar alrededor de la ciudad de Karnoi, uno de los últimos sectores de Darfur Norte que todavía no controlaban.
“Las RSF incendian aldeas indiscriminadamente, atacando casas según sus propios criterios”, denuncia Kater por teléfono. “Pueden atacar la casa del jefe de la aldea, de un líder local o de algún dirigente. A veces, atacan viviendas que parecen bien construidas, pero que en realidad son de paja, lo que provoca que el viento propague el fuego hacia las casas vecinas, pudiendo llegar en ocasiones a arrasar aldeas enteras”, observa.






