Desde que tomaron la ciudad los paramilitares, la mayoría de civiles no ha podido huir y los testimonios y pruebas recogidos hacen temer que las matanzas, violaciones y saqueos son masivos

Desde el momento en el que las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán tomaron la capital de Darfur Norte, El Fasher, tras haberla sometido a un asedio asfixiante de más de 500 días, los relatos sobre las atrocidades que se temía que cometerían empezaron a sucederse uno tras otro: casos de ejecuciones en masa, violencia sexual, torturas, secuestros.

La mayoría de los testimonios afloraron a través de quienes abandonaron la ciudad y pudieron llegar algún lugar seguro desde el que contar lo que habían presenciado. Pero, a diferencia de lo ocurrido en casi todas las zonas que han ocupado los rebeldes desde el estallido de la guerra contra el ejército en abril de 2023, en El Fasher no se produjo un éxodo masivo de población.

En los últimos meses, la ONU había estimado que en torno a 260.000 personas permanecían atrapadas en la ciudad. Y, aunque en los días posteriores a su caída escaparon unos 100.000 civiles, grupos humanitarios desplegados en puntos de recepción relativamente seguros y alejados de El Fasher alertaron de que el flujo de llegadas estaba muy por debajo del previsto.