La autonomía estratégica nació como un concepto geopolítico para dotar a Europa del músculo industrial y operativo suficiente como para asumir el peso de la defensa continental. Minimizar la dependencia militar de Estados Unidos fue, primero, un objetivo político. Pero el contexto bélico global está acelerando este proceso a marchas forzadas. Si las capitales europeas ya observaban con inquietud el progresivo giro estratégico de Washington hacia el Indo-Pacífico y la posibilidad de un repliegue parcial de sus fuerzas en Europa, ahora se suma un factor adicional: el sobrecalentamiento del complejo militar-industrial estadounidense para reponer unos arsenales tensionados tras años de apoyo a Ucrania y el reciente conflicto con Irán. La cumbre de la OTAN celebrada en Ankara esta semana ha vuelto a dejar el habitual reguero de declaraciones controvertidas de Donald Trump. Por inflamado que sea el discurso, nadie espera una retirada frontal de la OTAN. El verdadero miedo es el escenario gradual, con una reducción progresiva de efectivos y capacidades que obligue a Europa a cubrir vacíos para los que todavía no está preparada en unos plazos que, dada la estructura de su industria de defensa, le va a ser difícil cumplir. Lejos de la retórica de los focos, los planificadores militares ya están poniendo cifras al potencial repliegue militar de las capacidades que el Pentágono tiene a disposición de la Alianza en Europa. Y el panorama es complejo. TE PUEDE INTERESAR Según reportes de la OTAN publicados por medios internacionales, representantes estadounidenses trasladaron a puerta cerrada a sus socios europeos una propuesta para revisar a la baja parte de las contribuciones militares que Washington mantiene comprometidas dentro del denominado Modelo de Fuerzas de la OTAN. Este mecanismo constituye uno de los pilares operativos de la Alianza. Establece qué fuerzas —terrestres, navales y aéreas— debe ser capaz de desplegar cada aliado en distintos horizontes temporales: diez días, entre diez y treinta días y hasta seis meses. Sobre esa planificación descansan buena parte de los planes de defensa colectiva frente a una eventual agresión contra territorio aliado. Nunca se ha tratado —únicamente— de dinero. Europa depende de Washington para gran parte de las capacidades que permiten sostener una guerra convencional de gran intensidad: defensa antimisil, inteligencia estratégica, transporte aéreo, reabastecimiento en vuelo, vigilancia espacial, drones de largo alcance, bombarderos estratégicos o grupos de combate de portaaviones. Son activos difíciles de sustituir en el corto plazo, incluso incrementando el gasto militar. "En cuestión de semanas, los aliados europeos han llenado los huecos dejados por EEUU en el Modelo de Fuerza de la OTAN", dijo el máximo comandnate aliado, general de la US Air Force Alexus Grynkewich, a la agencia Reuters. "Y en esas áreas que todavía no lo han hecho, donde no tienen actualmente la capacidad para reemplazar (los activos estadounidenses), estamos buscando alternativas similares", agregó el alto mando. Los estadounidenses habrían propuesto una primera reducción en activos clave como aviones de combate (pasarían de 99 cazas F-16 y 54 cazas F-15E, 63 F-16 y 36 F-15E), aviones cisterna (pasarían de 71 KC-135 a 63 unidades; mientras que ocho aviones cisterna KC-46 —más modernos— se retirarían por completo) y drones (la mitad de los 24 drones armados MQ-9 y todos los de reconocimiento de largo alcance). También retirarían una de las dos formaciones de bombarderos estratégicos desplegadas en Europa. Esta es una de las capacidades convencionales más difíciles de reemplazar. El recorte afectará a las unidades navales. Uno de los dos grupos de combate de portaaviones se retirará, junto con casi la mitad de los escuadrones de cruceros y destructores (de 17 a 9). Los 26 aviones de patrulla marítima Boeing P-8A Poseidon se reducirán a 15. TE PUEDE INTERESAR Aunque la OTAN no ha confirmado estos números, algunos de los anuncios del foro de industria defensa de la cumbre iban en esa dirección. El secretario general de los aliados, Mark Rutte, anunció la adquisición del décimo avión cisterna Airbus A330 MRTT (que se ensambla en España) y los planes para dotarse de una flota de transporte militar con Airbus A400M (también ensamblado en España). También una decena de aviones GlobalEye de la sueca Saab, para modernizar las capacidades de alerta temprana y control, en lugar de los Boeing E-7 norteamericanos. En la cumbre, Rutte anunció la iniciativa Drone Edge de la OTAN, para invertir en sistemas antidron y expandir el entrenamiento de pilotos de vehículos no tripulados. Un reconocimiento tácito de la enorme brecha de Europa respecto a otras potencias en robotización de sistemas militares (de China a Irán, de Rusia a Ucrania). En total, unos 50.000 millones de dólares que los analistas consideran claramente insuficientes para lidiar con los peores escenarios. Arsenales bajo presión También hubo encargos para la industria estadounidense. Lockheed Martin y la alemana Rheinmetall firmaron un memorándum para la producción conjunta de misiles ATACMS en Alemania, lo que supone la primera vez que se fabricarían esos misiles balísticos de corto alcance fuera de EEUU. TE PUEDE INTERESAR Otro de los planes incluye un punto de mantenimiento para los misiles interceptores PAC-3 de Lockheed Martin (que usan el sistema de defensa antiaérea Patriot), aunque sin más detalles. Además se firmó la compra del avión no tripulado Triton de Northrop Grumman para vigilancia marítima. Durante más de dos años, Estados Unidos ha sostenido el grueso del suministro occidental de armamento avanzado a Ucrania. A ello se ha sumado el apoyo permanente a Israel y el consumo acelerado de munición de precisión durante la campaña aérea contra Irán. Diversos informes estadounidenses llevan meses alertando de que determinados inventarios —especialmente interceptores Patriot PAC-3, misiles de crucero Tomahawk o determinadas municiones guiadas— han descendido hasta niveles que obligan al Pentágono a tener que poner su propio reabastecimiento por delante del de sus clientes. La consecuencia es doble. Por un lado, Washington comienza a retrasar o revisar entregas previamente previstas a aliados. Por otro, la industria de defensa estadounidense, pese a encontrarse en plena expansión, necesita varios años para incrementar de forma sustancial la producción de algunos sistemas especialmente complejos. El principal proveedor militar de Occidente empieza a enfrentarse a un problema de capacidad industrial además de uno de prioridades estratégicas. Huecos, hoyos y abismos El problema para los europeos es cuantitativo y, además, tecnológico. Muchos de estos activos apenas existen dentro de las fuerzas armadas europeas o lo hacen en cantidades muy reducidas. TE PUEDE INTERESAR Por ejemplo, los drones MALE armados, los aviones cisterna o las aeronaves de patrulla marítima son muy limitados incluso entre las potencias europeas. Algo similar ocurre con los sistemas Patriot. Tras las entregas a Ucrania, la mayoría de países europeos han reducido considerablemente sus inventarios y la producción occidental sigue siendo insuficiente para reponer simultáneamente las reservas nacionales y abastecer nuevos conflictos. Aumentar el gasto hasta el 2%, el 3,5% o el 5 % del PIB —como exige Trump a la OTAN— no resuelve automáticamente el problema. Incrementar presupuestos es más sencillo (y rápido) que construir nuevas líneas industriales, formar personal especializado o desarrollar capacidades estratégicas que requieren años de inversión en innovación y especialización industrial. Paradójicamente, el repliegue estadounidense puede terminar acelerando aquello que durante años apenas avanzó por voluntad política. Desde hace más de una década, Washington —primero con Barack Obama, después con Donald Trump y también durante la presidencia de Joe Biden— ha insistido en que Europa debía asumir una mayor responsabilidad sobre su propia defensa. TE PUEDE INTERESAR La OTAN sigue tratando de trasladar una imagen de normalidad. "En el pasado, existía una excesiva dependencia de las fuerzas y capacidades estadounidenses. Pero a medida que Europa y Canadá aumentan sus inversiones en defensa y desarrollan mayores capacidades, el equilibrio de responsabilidades puede cambiar. Este cambio fortalece los planes de defensa de la OTAN al reducir la excesiva dependencia de cualquier aliado y refleja una transformación más amplia dentro de la alianza. Se trata de sentar las bases para una mayor sostenibilidad de la OTAN en las próximas décadas", resumía la portavoz de la Alianza, Allison Hart. Sin embargo, incluso entre responsables militares existe el reconocimiento implícito de que el calendario será extremadamente exigente. Europa dispone de poco tiempo y muchos debates sin resolver (desde la atomización de su industria, hasta las vías para financiar este gasto militar) para sustituir capacidades que Estados Unidos ha proporcionado durante décadas. Y esto va a cambiar la naturaleza del debate sobre la autonomía estratégica. De un arcano de los pasillos de Bruselas, a un elemento de alto voltaje político.
Soberanía a capones: el repliegue operativo de EEUU y el sobrecalentamiento de su industrial militar dejan la seguridad de Europa en vilo
Si las capitales europeas ya observaban con inquietud la posibilidad de un repliegue parcial de sus fuerzas en Europa, ahora se suma un factor adicional: el sobrecalentamiento del complejo militar-industrial estadounidense










