Ciudad abiertaDa la impresi�n de que nuestras decisiones dependen de si nos amilanamos ante Trump o si elegimos plantarle caraEFEActualizado Mi�rcoles,
julio
23:33Audio generado con IASe suele decir que los ataques de Donald Trump a Espa�a son contraproducentes: en vez de desacreditar a Pedro S�nchez ante la opini�n p�blica, refuerzan su imagen de palad�n europeo antitrumpista. Adem�s, ya se ha comprobado que esos ataques no tienen consecuencias apreciables para la econom�a o la sociedad espa�olas. Es de esperar que su �ltima andanada -esta vez, en la cumbre de la OTAN en Ankara- resulte tan espectacular e intrascendente como todas las anteriores. Pero las diatribas del presidente norteamericano tambi�n tienen otro efecto: dan la impresi�n de que todo el debate sobre nuestra pol�tica de Defensa, sobre el futuro de la OTAN y sobre las relaciones Europa-EEUU, tiene que ver con la actitud que uno adopte ante el inquilino de la Casa Blanca. Que nuestras decisiones dependen de si nos amilanamos ante Trump o si elegimos plantarle cara. Y el caso es que Estados Unidos no deber�a ser el objeto principal de estos debates.La verdadera raz�n por la que Europa y la OTAN se est�n replanteando sus estrategias responde a otro nombre: Vladimir Putin. Estados Unidos puede haberse vuelto vol�til y desagradable, pero la amenaza a nuestro continente sigue viniendo de una Rusia que ha mostrado, de la forma m�s sangrienta posible, que est� entregada a un proyecto expansionista y militarista. Una fantas�a neoimperial que busca hacerse realidad sobre una parte importante de nuestro continente. Trump lleva un par de a�os ayudando al dictador ruso de distintas formas, y esta es una de ellas: consigue que los europeos olvidemos las verdaderas razones por las que hemos vuelto a pensar en nuestra defensa. Y no es porque en Washington mande un impresentable: es porque en Mosc� manda un asesino.Por todo esto, quienes desean una Europa aut�noma -�gaullista!- no deber�an contentarse con pedir que se plante cara a Trump. La autonom�a europea pasa por ignorar la distracci�n que supone el presidente norteamericano, y recordar qui�n ha tra�do la guerra de nuevo a nuestro continente. Pero esto obliga, adem�s, a hacernos preguntas inc�modas: si EEUU es un aliado tan poco fiable, �por qu� seguimos necesitando su protecci�n? �Por qu� seguimos siendo incapaces de garantizarla por nuestra cuenta? Una Europa verdaderamente aut�noma ser�a la que pudiera responder a estas preguntas.














