ColumnistasEl presidente del Gobierno infla su pechito de gallina ante Trump, enmascarando la cuesti�n nuclearPedro S�nchez y Donald Trump, en Ankara.EUROPA PRESSActualizado Mi�rcoles,
julio
17:40Audio generado con IADice Trump que Espa�a es un aliado terrible. Mala gente. Hay que entenderlo. La prensa socialdem�crata dec�a que Espa�a no iba a salir especialmente se�alada de la cumbre de Ankara y el americano tiene siempre muy en cuenta a nuestra prensa en sus oraciones de sujeto y predicado. Trump dijo Espa�a y no Pedro S�nchez, su sin�cdoque, y dijo bien. Porque la cruda verdad es que Espa�a jam�s ha sido un buen aliado, ni participando en la guerra -su ping�e neutralidad- ni preparando la guerra. Espa�a entr� en la Otan en 1982 y someti� su permanencia a un refer�ndum catat�nico que inclu�a condiciones especiales: no integraci�n en la estructura militar (vigente hasta 1999), prohibici�n de armas nucleares y reducci�n de la presencia militar americana en el suelo patrio. En 2004, perfectamente apoltronado ante el paso de la bandera, el presidente Zapatero retir� las tropas de Irak sin coordinaci�n alguna con los aliados. Durante d�cadas, y de manera sostenida, Espa�a ha estado en el pelot�n de los avaros en materia de Defensa, y cerr� 2024 como el �ltimo -el �ltimo- en porcentaje de gasto de los 32. Siempre ha sido consumidora neta de la seguridad proporcionada por otros, confiando en su geograf�a alejada del imperialismo ruso. Una forma de gorroneo estrat�gico: free-riding, lo llama la literatura ad hoc. Hace un a�o, en la cumbre de La Haya, Espa�a fue el �nico pa�s que se neg� a elevar el gasto al 5% del Pib. La imagen de obsceno oportunismo parroquial del presidente S�nchez, apartado del resto de l�deres, encarna mejor que cualquier otro documento una traza espa�ola que viene de lejos y va m�s lejos todav�a. Algo a�n, ya puramente operativo. Tras los ataques a Ir�n, el Gobierno cerr� el espacio a�reo e impidi� el uso de las bases de Rota y Mor�n a las fuerzas aliadas. Estas bases siempre fueron el precio que Espa�a pagaba por su seguridad. Y es obvio que el principal contribuyente de la Otan le cobrar� alg�n d�a, y en la forma que decida, el incumplimiento del contrato. Tambi�n su deslealtad pol�tica: esta evidencia de que para Espa�a las guerras, excepto las civiles, siempre son guerras de terceros.El presidente del Gobierno infla su pechito de gallina ante Trump, enmascarando la cuesti�n fieramente nuclear. Que no es la pat�tica posibilidad de que Espa�a plante cara a Estados Unidos, sino su obstinada desvinculaci�n de Europa en la hora de los sacrificios, decorada con la superioridad moral del no a la guerra, esa forma de deserci�n virtuosa.El misterio es la secular paciencia europea ante tal naci�n tarambana.













