Las cosas han cambiado bastante en un año. En la cumbre de la OTAN de La Haya, en 2025, España y su líder, Pedro Sánchez, fueron el objetivo de las críticas más duras de Donald Trump e incluso algunas más indirectas de otros países por negarse a firmar el objetivo del 5% en gasto en defensa. Pero este año, Trump llega a Ankara con muchos más enemigos en Europa, al menos según su visión. Y en su primera intervención en Ankara, en la que ha cargado contra casi todo el mundo, con un impasible Recep Tayyip Erdogan sentado a su lado, Trump ha cargado uno a uno contra todos los líderes de los grandes países europeos por no haberle apoyado en la guerra en Irán y ha obviado a España, que negó el uso de las bases de Estados Unidos en este conflicto.Esto no quiere decir que Trump haya cambiado de opinión sobre Sánchez. No hubo ninguna pregunta específica sobre España de la prensa de EE UU ni la turca, las únicas que pudieron entrar. Cuando le preguntan directamente sobre España, Trump suele ser durísimo y ha llegado a amenazar con aranceles brutales o con la expulsión de la OTAN, ambas cuestiones inviables que nunca ha llegado siquiera a trabajar seriamente. Pero es llamativo que, si no le preguntan expresamente, y aunque haya tenido de forma espontánea una mención para cuatro de los cinco grandes países europeos —Reino Unido, Francia, Alemania e Italia— se haya olvidado del quinto, que además es estratégicamente clave porque sus bases de Morón y Rota siempre han sido importantes en las operaciones en Oriente Medio.La tesis de Trump en sencilla: EE UU ha ayudado durante años a Europa en su defensa, a través de la OTAN, pero en el momento en que Washington pide ayuda para atacar Teherán, los europeos se borran. Por el contrario, lo que explican los líderes europeos, que en esto han ido acercándose a la posición de rechazo frontal a la guerra en Irán que promovió en un primer momento Sánchez casi en solitario, es que no pueden apoyar un conflicto claramente ilegal, sin respaldo de la ONU y decidido de forma unilateral por Washington y Tel Aviv sin consultar a nadie.Lo llamativo es que esta vez Trump cita a todos los importantes menos a España. El líder de EE UU explica que no fue “tratado bien” por los países europeos. “Hemos invertido billones de dólares para proteger a los países europeos de la Unión Soviética y ahora Rusia, y después no nos ayudaron”. Trump carga especialmente contra el británico Starmer, del que llega a decir que a lo mejor ha perdido su puesto por no ayudarle, y luego añade que Italia le dejó tirado, y también Alemania y Francia, y ahí obvia a España. En el equipo de Sánchez no le dan especial importancia a este aparente olvido de Trump, porque creen que es imprevisible y que podría girar contra el español tanto en la cumbre como en la rueda de prensa posterior, sobre todo si hay alguna pregunta específica sobre España. Pero en cualquier caso Sánchez llega a la cumbre con la intención de no chocar con Trump, aunque políticamente podría interesarle en España, porque no es la imagen internacional que él está buscando en este momento, en el que insiste en que España es un “socio fiable” que cumple con la OTAN. Sánchez insiste en que con un 2,1% del gasto en defensa se pueden alcanzar las capacidades militares que exige la OTAN, y rechaza de plano el 5% porque implicaría recortes sociales muy relevantes que el líder español rechaza de plano. Otros líderes europeos han apostado por prometer que llegarán al 5% sabiendo que es casi imposible lograrlo, pero Sánchez prefirió dar la batalla en La Haya contra esa cifra. En esta cumbre el planteamiento es diferente y es incluso posible que no haya ningún choque con el presidente de EE UU, algo sorprendente después de las cosas que ha dicho Trump sobre Sánchez desde La Haya, pero no es descartable. Aunque hacer previsiones con Trump supone casi siempre equivocarse.