Al cierre de esta edición, Begoña Gómez no se había fugado todavía, pero quien sí se acaba de fugar de sí mismo es Juan Manuel Moreno Bonilla, alias Juanma, un político que, a pesar de ser el primer gobernante del PP que se apoyó en Vox para hacerse con un gobierno autonómico, se había construido la imagen de un político de los que ya no hay. Un tipo de centro, más partidario de hacer amigos que enemigos, con más carisma que Alberto Núñez Feijóo y menos histrionismo que su colega Isabel Díaz Ayuso. Lo consiguió a fuerza de sonrisas, banderitas blanquiverdes y muchos millones en publicidad. Es verdad que metió la pata con el escándalo de los cribados y le costó sacarla, y también que se le notó un deje de soberbia cuando sus homólogos extremeños, aragoneses o castellanos se tuvieron que envainar el orgullo y pactar con los ultras de Vox, pero Juanma ―así, todo junto y sin apellidos― seguía siendo el político andaluz mejor valorado con diferencia.Tan seguro estaba de su victoria aplastante que, durante la campaña electoral, Moreno Bonilla fue a por todas y elevó el tono de sus críticas a Vox para que a nadie le cupiese duda de que no pactaría con la ultraderecha. Sus propuestas, dijo, son irreales y hasta ilegales: ¿cómo voy a pactar yo con Manuel Gavira, que no es más que el delegado en Andalucía de Santiago Abascal, ese que me llama con desprecio Juanma Moruno? No han pasado ni dos meses desde aquella noche electoral del 17 de mayo y Moreno Bonilla no solo ha pactado con Vox en un tiempo récord, sino que ya llama Manolo al diablo. Lo hizo, el pasado jueves, cuando anunciaron juntos el acuerdo, y otra vez el domingo, en la ceremonia solemne de su toma de posesión en el Palacio de San Telmo de Sevilla, sede de la presidencia de la Junta de Andalucía. El presidente Juanma y el vicepresidente Manolo forman una extraña pareja, tanto que hasta en los medios afines ―llamémosles de centroderecha― le están pasando factura.Las redes sociales, y en especial X, sirven para muchas cosas, incluso para alguna buena, y durante las últimas horas no ha pasado inadvertido que algunos medios clásicos estén dando cabida al descontento con Moreno Bonilla. El periodista Pepe Fernández ha reproducido en su cuenta del antiguo Twitter un pantallazo de una columna de Abc que el periodista sevillano Santi Gigliotti titula Juanma Moreno Boquilla y que empieza así: “Finalmente, el hombre de la moderación pasó por el aro por el que dijo que nunca pasaría (…) Una cosa es negociar, llegar a un acuerdo equitativo, y otra es que un partido al que triplicas en votos, además de sacarte una vicepresidencia con megaconsejería, te humille colándote por la escuadra la joya de su propaganda marrullera. Una medida de entraña xenófoba que va en contra de tu programa y que hiere de muerte para los restos tu honradez”. El resto de la columna no es más suave, y si tenemos en cuenta que, en el mismo diario, el analista Ignacio Camacho califica el pacto como “la derrota moral de Juanma Moreno” y que Carlos Alsina, en su monólogo de Onda Cero, le pegó un repaso de campeonato, la cosa parece estar clara. Moreno Bonilla ha conservado el poder, pero su perfil de moderado amenaza ruina.Por si fuera poco, su toma de posesión fue fría tirando a helada, lo que no deja de tener su aquel en el verano de Sevilla. Ni Núñez Feijóo ni ningún alto dirigente del actual PP asistieron, y Moreno tuvo que conformarse con la compañía de Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría. Ya circula por las redes un pasodoble cuyo estribillo dice así: “Que se ha quitado la careta, que se ha quitado el disfraz. Ocho años con la máscara puesta y al final se ve la cara detrás. Caperucita se llamaba el hombre, azul de traje, bueno de verdad, pero Génova llamó una noche y Caperucita dijo que sí, que ya”.