Si hacer deporte es recomendable a cualquier edad, cuantos más años se cumplen, mayor es la diferencia que el ejercicio físico marca en la salud. Después de los 50, no necesariamente se busca trabajar un cuerpo de gimnasio, pero sí garantizar el funcionamiento correcto del organismo y, sobre todo, la autonomía de cara a la vejez.
“El músculo es el órgano de la longevidad”, asegura en conversación con este diario Jorge Salas, entrenador especializado en longevidad. Su función trasciende al movimiento y “actúa también como un órgano endocrino; es decir, que afecta también a la parte hormonal y metabólica”, según el experto, que se apoya en la evidencia científica y en la medición de marcadores concretos de menor mortalidad, como la fuerza de agarre, el consumo de oxígeno o la velocidad al caminar.
“Debería ser obligatorio, como tomar una medicación”, valora Salas sobre el ejercicio físico a partir de los 50 o entre quienes tienen alguna patología crónica, como la artrosis o la diabetes. “La fuerza es una de las capacidades físicas básicas y es a partir de la fuerza que se produce el resto de movimiento”, justifica el experto.
Obstáculos en el día a día por falta de fuerza
Tareas cotidianas como cargar bolsas de la compra, subir escaleras o sentarse y levantarse de una silla se vuelven retos de alta dificultad con el paso del tiempo sin un entrenamiento adecuado. Además, una buena base muscular también mejora la resistencia y permite realizar las tareas diarias sin sentir fatiga.









