Yedra Martín tiene 65 años. Lleva muchos años haciendo ejercicio de forma regular en el gimnasio de un pueblo de la provincia de Valencia. Este curso asiste dos veces por semana a una clase de Full Body y tres a otra de Cardio Power, lo que le permite trabajar tanto la fuerza como el equilibrio y la capacidad aeróbica. Es una de las más mayores de las clases, aunque hay al menos otras siete compañeras que se mueven entre los 60 y los 65 años. “Me encantan estas clases porque siento que trabajo y cuando acabo y me ducho me encuentro genial. Al principio es verdad que, como trabajamos músculos que no había movido nunca, tenía agujetas y cierto dolor muscular, pero después de tantos meses ya no experimento ninguna molestia física”, afirma.
La evidencia científica da la razón a la persistencia en el ejercicio de Yedra pese a las molestias iniciales. Según los resultados de un metaanálisis publicado en la revista Journal of Ageing and Physical Activity que recopiló datos de 36 estudios, a diferencia de lo que se suele creer, el envejecimiento no está asociado con una peor recuperación ni con un mayor daño muscular en los días posteriores a la práctica de ejercicio físico, independientemente de si este es aeróbico o de resistencia.






