ColumnaQuizá los únicos que encuentran consuelo en estos agobiantes días estivales son los políticos cuyos problemas se aplazan a septiembreUna niña tira hojas secas al aire.Emmanuel Faure (Getty Images)El cuerpo entero expuesto a la brisa salina, el pelo mojado recogido en una coleta, los dedos de los pies pisando espuma, los cánticos de un vendedor ambulante tentando a los oídos. Mi sobrina y yo paseábamos a la orilla del mar, en ese caminar sonámbulo que llena las playas de España en esta época, cuando de pronto ella dijo lo inaudito: “Qué ganas tengo de que llegue el otoño”. Miré su cuerpecito espitoso de abajo a arriba hasta que me fijé en su boca, que no había forma de callar. Está en esa edad en la que los niños se vuelven locuaces hasta el mareo, justo antes de guardar solemne y púber silencio durante años. De nada servía explicarle que el tiempo pasa, la ganas se debilitan, el cuerpo se agota y agosta, los veranos y sus posibilidades no vuelven. “Me encanta cuando se hace de noche pronto y ponemos una película a las seis de la tarde. Me encanta que me pesen las mantas y escuchar el ruido de la lluvia fuera”. Todo esto lo decía con un sol radiante calentándole la sesera, una pedaleta atracando justo a nuestro lado y dos niños de su edad pidiéndonos perdón por habernos agredido con una pelota hinchable justo después de tropezar con una medusa muerta. Miré a mi alrededor buscando la cámara oculta. ¿Cómo iba a estar una cría de doce años diciéndome que prefiere las castañas asadas a los polos de limón? Pero después pensé que quizá el calentamiento global también esté creando una brecha generacional climática y que las estaciones que por su dulzura fueron refugio mental para los de mi edad sean ahora amenaza para los de la suya. No hay semana que en las noticias no se hable de las muertes por calor ni día que las agencias meteorológicas no den avisos para no desplomarse en plena calle. Da más miedo el hombre del tiempo que los monstruos de Halloween. Quizá los niños del futuro fantaseen más con trineos que con flotadores. Tal vez los únicos ya que encuentran consuelo en estos agobiantes días estivales son los políticos cuyos problemas se aplazan a septiembre. Aunque este año, incluso ellos se han encomendado al otoño.Archivado EnOpiniónEspañaSociedadClimasMeteorologíaVeranoOtoñoMedios comunicación
Que llegue ya este otoño
Quizá los únicos que encuentran consuelo en estos agobiantes días estivales son los políticos cuyos problemas se aplazan a septiembre










