Nota beneEl verano es el tiempo del ocio y a m�, de natural inquieto, el ocio me paralizaActualizado S�bado,
junio
23:52Audio generado con IAA cada cual, su estaci�n mal�fica. La m�a es el verano, que empieza hoy oficialmente. No lo puedo evitar: es el tiempo del ocio y a m�, de natural inquieto, el ocio me paraliza. Menos estaci�n que estacionamiento, en verano el sol se queda parado en lo alto (eso significa �solsticio�) y me arrastra en su quietud. S�, ya s� que supuestamente el verano libera horas para tareas relegadas durante el curso: leer novelas, pintar muebles, ordenar altillos. Un ocio hacendoso: tal es el contradictorio mandato estival. Da igual, llega septiembre y lo hemos dejado todo a medias porque el verano es tambi�n el tiempo de la alteraci�n: diversi�n obligatoria, playas repletas, retumbantes verbenas. Una conjura universal para echarte de ti mismo y de tu cuarto que pone a prueba el �nimo de los moderadamente hura�os. Da la impresi�n, por lo dem�s, de que si los modernos acumulan bullas y guateques durante el verano es para compensar lo que los antiguos ya sab�an: que la naturaleza hizo del verano el momento del a�o en que se languidece y se muere (como revela el preciso significado que tiene en nuestra lengua el verbo �agostar�). El arte tambi�n da la raz�n a los desconfiados. Que alguien escuche el Est�o de Vivaldi y me diga si suena a estaci�n alegre: es sopor de plomo y granizo que siega el trigo. En la literatura, de Ripley a Gatsby, pasando por los dramas sure�os de Tennessee Williams, el verano y la violencia insensata hacen pareja de hecho. Incluso Camus, que cant� como nadie al verano en las ruinas de Tipasa, hace que Meursault apriete el gatillo � cause du soleil, por culpa del sol. Expuestos los cargos, viene la confesi�n. S� muy bien que toda esta diatriba antiestival descansa sobre un peque�o agravio biogr�fico: que unos veranos infantiles can�nicos, salidos de una novela de Enid Blyton, no tuvieran luego continuidad en unos veranos juveniles que yo hubiera querido como los de las pel�culas de �ric Rohmer, sensuales y ligeros. He tenido veranos con y sin novia, pero falta en mi haber vital un idilio veraniego que, a juzgar por los anuncios de cierta marca de cerveza, es un derecho de toda adolescencia cabal. Y yo -felizmente casado y ya un espl�ndido cuarent�n, que dir�a Nanni Moretti montado en su Vespa- sigo esperando cada junio el verano del rayo verde mientras mi coraz�n recuerda las granizadas de Vivaldi. He ah� el origen de mi pataleta: que siendo el verano la �nica estaci�n que promete dicha, es tambi�n la �nica que puede defraudar su promesa. Por fortuna, cada a�o los votos se renuevan y hoy llega, so�ador, otro verano glorioso.










