El mes de julio empezó en Casa Lola con la denuncia de una agresión sexual. El presunto agresor también roció con gasolina a otra persona, le prendió fuego y le causó varias quemaduras, según el testimonio de una testigo. La Policía Local de Sant Josep de sa Talaia envió una patrulla el pasado miércoles por la noche para poner orden y aclarar qué había sucedido en una propiedad más que conocida para cualquier ibicenco. Casa Lola es un neotopónimo que lleva mucho tiempo apareciendo en la prensa, también en la nacional e internacional. Durante una época alternó las páginas de sociedad con las que informaban sobre la política local. La mansión donde se celebraban las fiestas que reunían al famoseo y a la alta sociedad que veraneaba en Eivissa era ilegal. Nadie pidió una licencia para construirla.

Sobre aquellos 933 metros cuadrados –bungalows, piscinas, terrazas– pendía una orden de demolición municipal que tardó doce años en cumplirse. Cuando, al fin, entraron las máquinas –9 de agosto de 2022–, la parcela entró en una especie de letargo. Hasta la última primavera. En abril, tras dos desahucios de campamentos chabolistas en la periferia de la capital de la isla, Periódico de Ibiza publicó unas fotos que evidenciaban una realidad: Casa Lola estaba llena de barracas. Fue una villa de lujo. Ahora es una villa miseria.