La expresión “arden las redes”, además de triste, gastada y caduca, resulta ridícula cuando lo que se queman son los bosques, cuando lo que se incendia es el país. Y no, aquí no hay metáforas que valgan. Se queman las Gavarres y una mezcla de malestar, tristeza y enojo se apodera de cualquiera con dos dedos de frente. Pero más todavía si hay cercanía y cariño porque, por mucho que digan, esto de la proximidad y la estima a la tierra aún tiene sentido.Todos estos sentimientos afloraron en las redes este fin de semana y aún siguen, porque si algo tienen los algoritmos es que captan a la perfección este malestar colectivo que se palpa en el ambiente y que estalla cuando ocurren las tragedias. Si solemos juzgar X por sus exageraciones, y con razón; aquí cuesta no subirse a la oleada, porque la impotencia ante un fuego así es tal que la reacción en caliente es inevitable. Cada uno lo vive a su manera.La tristeza y rabia por el fuego en las Gavarres derivan en una reivindicación de la payesía y duras críticas por el poco apoyo que recibenCuesta no empatizar, pues, con el vídeo viral de Núria Molla, payesa de toda la vida de Calonge, del área afectada, que llora desconsolada ante la cámara y con las llamas como telón de fondo. “Es una vergüenza, está todo seco y abandonado”, lamenta. Y sigue: “El mundo quema, la tierra quema... Debemos cambiar nuestra forma de vivir, hacerlo como lo hacían nuestros abuelos, vivir de forma sencilla. (...). ¿Tiene que quemar todo?”Muchos usuarios la apoyan. Alguno todavía tiene las agallas de acusarla de “wokista”, porque siempre tiene que haber un propagandista despistado que entra cuando no toca. Sin embargo, la mayoría la respalda y la toma como un símbolo de un clamor general en el mundo rural. De hecho, son dos los colectivos que reciben los aplausos. Por un lado, los bomberos, claro. Por el otro, los agricultores, aquí enfrascados en las tareas no remuneradas de colaboración en la extinción del fuego, ya sea labrando los campos o aportando su conocimiento del terreno. “Siempre donde toca y cuando toca”. “Este es el ejército que yo quiero”. Los elogios no paran.Núria Molla, protagonista viral de los incendios3CatY vienen las críticas. Las críticas al poco caso que reciben las quejas de la payesía catalana, que a duras penas sobrevive entre un mercado que no paga justamente y una burocracia asfixiante. Las críticas a una insuficiente gestión forestal, que las autoridades defienden que mejora, y que los tuiteros no se lo creen. Las críticas a la poca contundencia ante la urgencia climática y la respuesta en forma de las recetas de siempre. Y las críticas a un modelo turístico que fomentó urbanización tras urbanización entre bosques, y ahora vienen confinamientos y desalojos. Y también al doble juego entre lo que se dice y lo que se hace. Las palabras son de @xaiecologic, una cuenta de un conocido pastor de la Garrotxa: “Un año más el país quema, un año más políticos y tertulianos pondrán en valor a los agricultores. Y un año más nos dejarán solos y abandonados hasta que no quede ninguno de nosotros”.Se entrevé un malestar que va más allá de un simple fuego en julio de 2026, sino que apunta a las causas. Se anuncia la detención del operario que pudo causar el fuego y los tuiteros señalan a las empresas concesionarias o directamente a la Generalitat. “Que no cargue él”, exigen. Esta reclama a los barceloneses que no suban a sus casas de veraneo en el Empordà y los autóctonos se lanzan a contar colas de coches que han hecho caso omiso a la autoridad al grito de “pijos, urbanitas, pixapins”. Arrecian los reproches a los festivales de verano de la Costa Brava por no plantearse cerrar. Aparece el Tour, que tiene ocupados al cap i casal. Turismo y gobiernos, señalados. X canaliza un descontento de fondo. Quizás clamen porque están convencidos de que las más de 2.000 hectáreas de las Gavarres quemadas solo son una pequeña parte de todo lo que se está perdiendo. Licenciado en Periodismo y Humanidades, en La Vanguardia desde 2008. Actualmente es redactor del suplemento Cultura/s. Antes pasó por la sección de Última Hora.
No son las redes lo que arde, por Jaume Pi C. de Sobregrau
La expresión “arden las redes”, además de triste, gastada y caduca, resulta ridícula cuando lo que se queman son los bosques, cuando lo que se incendia es el país. Y no, aquí no hay metáforas que valgan. Se queman las Gavarres y una mezcla de malestar, tristeza y enojo se...









