Hay incendios que queman árboles y hay incendios que queman la memoria. Cuando uno oye pronunciar estos días nombres como Calonge, Les Gavarres o el Baix Empordà, no piensa en un mapa, piensa en una vida. En los veranos de infancia. En la Fonda Vidal. En Can Plaja. En Can Lluís. En las noches en que los padres danzaban El Ball del Fanalet con la felicidad que hoy parece un lujo. En los 2,5 km que unen Calonge con la playa. En el Castell, que mucho antes de que Montserrat Caballé emocionara al público y antes de que este verano lo llene La Ludwig Band, ya era un lugar donde el arte encontraba refugio entre las piedras centenarias. Todo arde y no porque el fuego alcance esos edificios sino porque amenaza el paisaje que les da sentido.David Borrat / EFEMientras nosotros contemplamos las imágenes con el corazón encogido, hay hombres y mujeres que llevan días sin pensar en ellos mismos. Solo piensan en el viento. En el siguiente cambio de dirección. En la próxima descarga de agua. En ese flanco que hay que cerrar antes de que las llamas crucen una carretera y entren en un pueblo. Pelean contra un enemigo que nunca descansa y que siempre encuentra un resquicio para volver a levantarse.Los bomberos tienen una rara condena: solo nos acordamos de ellos cuando todo va malLos bomberos tienen una extraña condena: solo nos acordamos de ellos cuando todo va mal. No ocupan tertulias durante el invierno, no protagonizan debates interminables ni suelen recibir homenajes. Pero cuando el cielo se vuelve naranja y el humo tapa el horizonte, aparecen. Siempre aparecen. Sin preguntar de quién es la casa, de qué partido vota quien vive dentro o cuántos recuerdos guarda aquella masía. Van donde los demás huyen.Ya habrá tiempo para discutir por qué se repiten estos incendios, por la gestión de los bosques, por el cambio climático, por las imprudencias humanas o por todas esas razones que no caben en una sola columna. Hoy toca dar las gracias porque mientras muchos tememos perder un paisaje de nuestra infancia, los bomberos intentan que no perdamos también los pueblos donde esa infancia empezó. Entre las llamas del Baix Empordà no solo están salvando casas. Están defendiendo la memoria de miles de personas que, cuando todo esto pase, volverán a mirar aquellos pinares con la esperanza de que todavía quede algo que reconocer.
Los salvadores del Empordà, por Jordi Basté
Hay incendios que queman árboles y hay incendios que queman la memoria. Cuando uno oye pronunciar estos días nombres como Calonge, Les Gavarres o el Baix Empordà, no piensa en un mapa, piensa en una vida. En los veranos de infancia. En la Fonda Vidal. En Can Plaja. En Can Lluís....














