La suma de medios y manos ha sido determinante para frenar el fuego en Les Gavarres (Girona). Visto lo feo que pintaba el viernes pasado, con un viento de tramontana raro en verano, es una hazaña que tres días después el perímetro se mantenga en 2.200 hectáreas, el 8% de este espacio natural protegido que se extiende prácticamente de la Costa Brava hasta la ciudad de Girona. Si se ha contenido el fuego ha sido por la alianza entre la vigilancia que supone tener vecinos en la zona, los primeros en alertar al ver humo; payeses que han segado y quemado rastrojos de los campos para evitar que el fuego se ensanchara y han llevado agua a los bomberos; éstos, con una profesionalidad que es referente en el mundo, y con sus vehículos y medios aéreos; y las Agrupaciones de Defensa Forestal (ADF), con la gestión forestal previa, el conocimiento del terreno y también sus cubas de agua.Pese a la estabilización del fuego, hay trabajo para rato. El domingo los helicópteros no han parado en el célebre flanco derecho, el que si se rompe presagia el desastre mayúsculo, con 7.000 hectáreas de alcance potencial en un escenario malo y 30.000 (todas las Gavarres) en el más nefasto. Desde primera hora comenzaron a levantarse pequeñas humaredas en zonas ya quemadas en Cruïlles, Monells i Sant Sadurní de l’Heura, un municipio de 100 kilómetros cuadrados de término municipal que ha sido el más afectado en superficie. Se extiende desde La Bisbal hasta Calonge. Increíblemente, todavía hay ciclistas locales y extranjeros que, pese a tener sirenas de helicópteros sonando sobre la cabeza, intentan adentrarse en el macizo para subir al punto más alto, el Puig d’Arques. Por la mañana, varias casas aisladas volvieron a tener las llamas a pocos metros. Como la de Pablo Díaz: llamó a la cuba de la ADF (arrastrada con un camión por un vecino y campesino) y a los bomberos, que llegaron casi a la vez. La orografía de la zona y las pistas forestales para llegar tienen tela. Tanto, que los bomberos tiraron mangueras el viernes y las dejaron allí por si tenían que volver. “Esto sin vecinos hubiera ardido más porque somos los primeros en avisar”, dice con las piernas y brazos cosidas a arañazos de tres días andando arriba y abajo. Su casa está metida en el bosque y aunque hace unos años hicieron una franja de protección cortando los árboles, entiende que no es suficiente, y que habrá que cortar también ese pino que les da sombra, pero está a pocos metros de la casa. “El fuego nos ha dado conciencia de que esto es un polvorín, y también de que tenemos que trabajar un plan de evacuación”, reconocía casi temblando minutos después de una escena emocionante: él, la cuba de la ADF y los bomberos dándose las gracias mutuamente.Como esta muestra de alianza, tantas como situaciones de peligro se han vivido. Anna Bardagí, vecina que cuida caballos y tiene gallinas, avisó el viernes por el chat del pueblo y apareció ayuda de debajo de las piedras: remolques para cargar caballos, vehículos para las gallinas… Los tiene repartidos por hípicas y otras casas. “Fue alucinante”, recuerda el domingo, cuando recibe el ofrecimiento de un vecino que está repartiendo generadores. Ella no tiene agua ni luz y no sabe cuándo los recuperará, “porque la línea quedó chamuscada”. El jaleo de los generadores se alargará toda la mañana, con frenesí de llamadas y whatsapps entre vecinos.Las Agrupaciones de Defensa Forestal también han sido clave. Arriba y abajo iba la coordinadora de la federación de ADF de Les Gavarres, Sandra Torras. Son voluntarios y han movilizado 30 tractoristas, ocho vehículos ligeros tipo pick-up, y una treintena de voluntarios, disponibles según los horarios laborales de cada uno. “Esto ha sido un aviso, porque el 75% de lo que se ha quemado son bosques con plan de gestión forestal y trabajados recientemente. Es decir, bosques en buen estado y, aparentemente, la regeneración será fácil”, dice, pero alerta de que la actual gestión forestal está pensada para incendios del siglo XX, no para los de sexta generación”. “La superficie forestal es la principal infraestructura del país”, alerta sobre el mal estado de los bosques catalanes.En el caso de Les Gavarres, el macizo tuvo antaño una notable población asentada y actividad agrícola y forestal. Masías dispersas pero grandes, de varias familias y generaciones y empleados que vivían del entorno y de forma autónoma (leña, carboneras, cultivos) y que se relacionaban en las parroquias. La red de pistas lo atestigua, es un laberinto de senderos en el macizo, ahora con bosques tupidos y abundante sotobosque. De hecho, Cruïlles, Monells i Sant Sadurní de l’Heura tiene estos tres núcleos grandes y otros cuatro ya deshabitados, como Sant Cebrià dels Alls o Santa Pellaia. Más recientemente, los bosques de Les Gavarres también surtieron de leña los hornos de las industrias cerámicas de La Bisbal.El alcalde de Cruïlles, Monells i Sant Sadurní de l’Heura, Dani Encinas, explica que esperan un informe de daños en las infraestructuras del municipio y entiende que “ahora” deben esforzarse “en agilizar permisos para poder ayudar al máximo a la gente, que se sienta apoyada, sin tener que gestionar montones de papeleo y permisos”. Salvi Cases, que fue alcalde de Cruïlles, es ganadero y vivió dos incendios, alerta del cambio de clima que se ha producido en menos de una década y ve este fuego como “un toque de atención muy bestia”. “Las bandas de protección no se hacen como sería necesario”, avisa: no sé de quien es responsabilidad, si particulares, ayuntamientos o ADF, pero no las veo ejecutadas.En este sentido, el gerente del consorcio de Les Gavarres, Quim Gubau, pudo volar el domingo con los Agentes Forestales y le sorprendió lo “irregular de la afectación del fuego: suelo quemado, árboles enteros, otros solo las copas, zonas que han quedado como islas verdes”. Y destaca también que el bosque quemado comprende zonas gestionadas y otras que no. Escenario muy distinto son las urbanizaciones de Calonge, donde ha habido más daños personales, con 11 casas quemadas. De hecho, una de las razones de la creación del espacio natural protegido de Les Gavarres fue frenar la proliferación de chalés dentro del bosque. El gerente del consorcio apunta que igual habrá que revisar si las franjas de protección perimetral de las urbanizaciones son suficientes. Y Sandra Torras insiste en la autoprotección de la que son responsables los propietarios de las viviendas. “Para que la autoprotección funcione las casas deben tener el jardín limpio, no apilar leña cerca, no abrir los toldos en condiciones de riesgo de incendio, no tener mobiliario (y menos si es de plástico inflamable) ni verjas separadoras de seto o ciprés, que se encienden como velas”. “Nunca en la historia se ha vivido dentro del bosque”, sentencia.