El mosso intenta hablar, pero le cuesta. La ceniza arrastrada por el viento le pellizca la garganta y provoca que le lloren los ojos. Lleva varias horas en el mismo cruce parando el tráfico. “¡Por aquí, no! Para ir hasta allí tiene que tomar la C-15. Tiene que dar la vuelta completa”, le señala alzando la voz a un conductor de un pequeño deportivo blanco. Ese “allí” es el Hotel Robert de La Pobla de Claramunt, un municipio de la comarca barcelonesa de La Anoia, de 2.350 habitantes y a pocos kilómetros de Igualada. Un lugar habituado a una tranquilidad que este lunes ha desaparecido a consecuencia de un incendio que ya ha consumido más de 500 hectáreas. Pese a que el fuego está controlado, los vecinos y huéspedes respiran constantemente el humo junto a la inquietud, pues esa madrugada lucharon contra las llamas para que no cercasen el pueblo. Blanca Vich, al frente del hotel este martes, comenta el anuncio de la Generalitat sobre “la estabilización” del incendio con alegría, pero en voz baja. Como si la noticia fuera un objeto tan frágil que pudiera hacerse añicos. Desea que se apague del todo. “Anoche fue horrible... La mitad del pueblo está sin luz y hay algunas casas que se han quemado en Les Garrigues [una urbanización cercana]”, dice. En las fotos que sus hijos hicieron se ve cómo varias auténticas lenguas de fuego acababan con la vegetación y naves o viviendas consumidas. Las llamas llegaron a La Puebla desde el municipio de Carme, donde se originó todo, según las primeras investigaciones oficiales. La situación se volvió tan incontrolable que las autoridades confinaron a 33.000 vecinos, los de las localidades de Igualada, Vilanova del Camí, Santa Margarida de Montbui, Castellolí, Capellades y los del pueblo del Hotel Robert. A comienzo de este martes se fueron levantando los confinamientos, aunque la urbanización de Les Garrigues sigue bajo restricciones.Núria Parlon, consellera de Interior y Seguridad Pública, ha adelantado durante una comparecencia a los medios este martes prevé que el fuego este controlado antes de que acabe el día. La consellera también ha señalado el pánico que sintieron muchos vecinos de la zona vivieron durante la madrugada, ante el riesgo de que el fuego avanzase dirección Monserrat saltando la C-15, una amenaza que, según Parlon, podría haberse llevado por delante hasta 4.000 hectáreas. Sobre las causas de este incendio, la responsable de Interior ha afirmado que “todavía están bajo investigación” de los agentes rurales. El hotel de la familia Robert lleva abierto desde 1935, siempre regentado por la misma familia. Tiene un gran salón de comidas, salas de estar, cafetería, piscina y una gran terraza. Este julio es época alta, pero el incidente y los cortes de carreteras o transporte público ha sido un problema para las reservas. Vich, junto a sus hijos Pol y Miquel, ha pasado las horas que le deja el día para llamar por teléfono a los huéspedes que este martes esperaban recibir para esa noche: “Como ha habido un incendio en el pueblo, no sabíamos si veníais...”, hablaba Miquel por el móvil. Para una de las trabajadoras, el miedo aún no se ha marchado. Sigue tatuado en su rostro. “El sonido de las avionetas [con agua] tardaron mucho en escucharse. Hay otros fuegos [uno en Sentmenat (Barcelona y Artesa de Segre (Noguera)] y tienen que controlar muchos”, cuenta. Al rato, le llega un mensaje a su móvil y murmura en catalán con una compañera sobre una afectada conocida. Luego, se va momentáneamente la luz en el comedor y por la ventana pasa un camión de bomberos.La voracidad de las llamas no solo ha alcanzado zonas residenciales, sino también industriales, al menos cinco naves del polígono Plans de l’Arau del pueblo han sido arrasadas. Una de ellas era de colchones, según el alcalde del municipio, Antoni Mabras. Otra ha sido una chatarrería, según indican varios vecinos. Durante toda la tarde, varios trabajadores de la conocida industria papelera UIPSA han estado regando las instalaciones como método de prevención. El hotel se ha convertido en un refugio para algunos vecinos, donde los mossos y bomberos han pasado al baño o a por café. No solo eso, este martes, el hotel ha repartido comida de sus cocinas a los efectivos desplegados y al de los voluntarios que han luchado contra las llamas en agradecimiento al trabajo que han realizado. Pol cuenta dice que ha sido el grano de arena que su familia ha podido aportar. En las redes del negocio, añade, han subido un post en catalán donde cuentan parte de lo vivido estos dos últimos días. El joven ha leído un fragmento: “Ver cómo el fuego ardía una parte de nuestro pueblo, de nuestra montaña y del paisaje que nos ha visto crecer es una imagen que costará olvidar... Pero en medio de todo esto, también vimos algo que nunca podremos agradecer lo suficiente: el trabajo incansable de los bomberos de Cataluña, ADF, voluntarios y todas las personas que estuvieron al pie del cañón”.Al calor de las llamas se le suma el de la ola de calor, que en las horas punta de este martes ha alcanzado los 41 grados. Nadie está en la piscina del hotel. Los huéspedes la han abandonado por la ceniza que ahora motea la superficie del agua y han buscado refugio en el bar. Para respirar otro ambiente se han enchufado al partido del mundial entre Egipto-Argentina. Los gritos de los aficionados se colaban con el de algún helicóptero que sobrevolaba el castillo que corona el pueblo, una fortificación del siglo X en la sierra de la Guardia y el margen y el margen derecho del río Noa. Una estampa idílica antes de que las llamas consumieran toda la vegetación. Ahora, desde el Hostal Robert, parece una de esas fortalezas malditas que aparecen en las películas de vampiros, sin vegetación y envuelta en una sensación fantasmal. Pero en el Hotel Robert, pese a que el miedo sigue activo, la esperanza no se ha apagado todavía. “Volverá como antes. La naturaleza se abrirá paso”, dice Pol.