Carlos Márquez DanielBarcelona 04/07/2026 00:29 Actualizado a 04/07/2026 08:39 El incendio de la Bisbal es el enésimo recordatorio de cuán frágil es todo cuando las condiciones meteorológicas son adversas. En este caso, el calor, la ausencia de humedad y el viento de tramontana. Por desgracia, no es la primera vez que la naturaleza, muchas veces aupada por la negligencia humana, se ocupa de recordar quién manda en estos lares.Como sucedió ayer, el viento también fue muy traicionero el 19 de julio de 1986. Ese día, un sábado, el fuego empezó en Francia, cerca de la frontera, junto a El Pertús. Las llamas indultaron al país vecino y se fueron hacia el sur empujadas por la tramontana, dando forma a uno de los peores incendios que se recuerdan en el Empordà. Hasta el 23 de julio ardieron, según el informe elaborado por Bombers, 19.612 hectáreas, la mayoría forestales. El fuego, que saltó municipios y carreteras, llegó hasta el cabo de Creus y Cadaqués, y segó la vida de cuatro ocupantes de un hidroavión francés que colaboraba en las tareas de extinción.Lee tambiénYa en siglo XXI, el peor incendio registrado en las comarcas marítimas del norte se produjo el 22 de julio del 2012 a consecuencia de una colilla mal apagada en una zona muy próxima –una vez más– al pueblo de El Pertús. Se perdieron 10.300 hectáreas y, de nuevo, la sierra de L’Albera fue la principal perjudicada por las llamas. Cuatro personas perdieron la vida: un hombre que falleció, víctima de las heridas causadas por las graves quemaduras; otro hombre que sufrió un paro cardíaco en Llers al verse rodeado en su casa, y un padre y una hija que cayeron por un acantilado.En la zona se han registrado otros incendios importantes, pero sin generar víctimas mortales. En el año 2000, cerca de 6.000 hectáreas ardieron en el Alt Empordà, 2.500 de las cuales estaban en el interior del cabo de Creus. En el 2021, otras 415 hectáreas de este privilegiado entorno natural sito entre el Port de la Selva y Cadaqués se echaron a perder, dejando cuatro bomberos heridos.