Unos 40 trabajadores de Aticco han salido este lunes al paso de la avalancha de críticas, insultos y llamadas al boicot que ha recibido la compañía después de que la semana pasada Plataforma per la Llengua la denunciase por despedir a una trabajadora a causa de que mantenía el catalán “como idioma principal”. La empresa, que tiene negocios en la gestión de espacios de trabajo (coworking) y de alquiler de pisos por habitaciones (coliving), incluyó en la justificación del despido varios reproches por el uso del catalán de la empleada. Ello conllevó la denuncia de la entidad y multitud de críticas, que van desde insultos por redes sociales hasta pintadas en la sede de la empresa. Este lunes hay una protesta convocada frente a las oficinas. En una carta remitida por la agencia de comunicación de Aticco, los trabajadores admiten que “algunos fragmentos de la carta pueden haber dado lugar a interpretaciones equivocadas”, pero rechazan que haya una imposición lingüística: “En Aticco nunca se ha prohibido hablar en catalán”, afirman.El despido de la trabajadora, que había empezado en la compañía en mayo de 2025, fue en febrero, pero no trascendió hasta que la semana pasada Plataforma per la Llengua denunció el caso ante la Inspección de Trabajo y la carta de despido señala que estuvo justificado para que investigue “una posible vulneración de derechos laborales y lingüísticos”. La carta de despido justifica el cese por los problemas de actitud de la trabajadora, y señala en varias ocasiones que estos vinieron por el uso del catalán como idioma principal. “En reiteradas ocasiones, y en presencia de terceros (técnicos, compañeros o clientes), la trabajadora ha iniciado conversaciones en catalán, siendo necesario solicitarle expresamente el cambio al castellano para garantizar la correcta comunicación. En algunas ocasiones, dicho cambio se ha producido con gestos o actitudes que han generado tensión en el entorno profesional”, apunta la carta.Tras la denuncia, Aticco, una empresa fundada por los emprendedores catalanes Juan Carlos Morales, Franz Pallerés y Gabriel Espín en 2016, argumentó que el despido se debió a una circunstancia estrictamente profesional, por la actitud de una trabajadora sobre la que se habían recibido quejas por parte de clientes y compañeros. “Lamentamos profundamente que una decisión estrictamente laboral se haya querido presentar como un conflicto lingüístico. Esa interpretación no responde a la realidad de nuestra empresa ni a los valores con los que llevamos años trabajando”, expresaron.Las explicaciones de la compañía no convencieron ni a Plataforma per la Llengua ni a muchos ciudadanos y usuarios de redes sociales, que han llevado a cabo llamadas al boicot en los últimos días. También el consejero de Política Lingüística de la Generalitat, Francesc Xavier Vila, pidió a la Oficina de Protección de Derechos Lingüísticos que analizase el caso y que “adopte las medidas oportunas”. “En el ámbito laboral también debe trabajarse en favor del catalán y respetar los derechos lingüísticos de los trabajadores”, afirmó Vila.Tras unos días marcados por las críticas y las pintadas en la sede de la compañía, la cuarentena de trabajadores firmantes de la carta han querido expresar que “se ha trasladado una imagen que no se corresponde con la realidad que nosotros vivimos”. “El catalán es la lengua que utilizamos de forma natural entre nosotros siempre que todos la entendemos. Y cuando hay algún compañero, compañera o cliente que no entiende el catalán, cambiamos de idioma con total normalidad para que todo el mundo pueda participar. Lo hacemos por educación, por respeto y porque nos parece de sentido común”, señala la carta.Los trabajadores que suscriben la carta apuntan que “no es lo mismo prohibir el catalán que pedir hablar una lengua que todos entendamos”, señalando uno de los motivos que aparecen en la carta de despido de la trabajadora. “Creemos que mezclar ambas cosas solo contribuye a generar una polémica que no refleja la realidad”, resaltan los trabajadores. Estos también ponen en valor la vocación internacional de la compañía, que tiene 350 empresas asociadas, 12 espacios de coworking y más de 50.000 metros cuadrados dedicados a lugares de trabajo en Barcelona, Madrid, Valencia y Lisboa. “Esa diversidad forma parte de lo que somos y nunca la hemos vivido como un problema. Al contrario, es una de nuestras fortalezas. Por eso nos entristece que un conflicto laboral individual esté afectando a la imagen de una empresa y de todos los compañeros y compañeras que trabajamos en ella cada día”, apuntan los trabajadores. “Nosotros no nos sentimos identificados con el relato que se ha difundido estos días. Hablamos catalán cada día y seguiremos haciéndolo. Pero también creemos que hablar una lengua que todo el mundo entienda cuando es necesario es una muestra de respeto, no un ataque al catalán. Ambas cosas son perfectamente compatibles”, concluyen.