La política española flojea por la izquierda. El calor (llega el verano, en el Congreso solo habrá un par de plenos, los españoles se van de vacaciones) no está sentando bien a los progresistas. Mientras en el espacio Sumar vuelan los cuchillos de nuevo, Más Madrid comienza un proceso de primarias que se está complicando e IU está en la urgencia de elegir rápido un candidato, los simpatizantes de ese espectro ideológico están cada vez más desilusionados. En este tiempo de parálisis, la distancia con esos más de tres millones de electores que no quieren votar al PSOE se hace más grande. Los incidentes en Sumar vienen a subrayar cómo las generaciones surgidas al calor del 15M, pero también las que ingresaron después en ese espacio, aprendieron pronto que la manera de hacer carrera en la política era dedicarse a las maniobras internas. Lara Hernández, coordinadora en solitario de Sumar tras la marcha de Carlos Martín, ha sido descabalgada de su cargo gracias a un expediente por acoso laboral; cuando Hernández ha dimitido y ha decidido no presentarse a las primarias, el expediente se ha cerrado. Más Madrid también está inmerso en un proceso de primarias, que se adivinaban muy tensas a causa del enfrentamiento de Emilio Delgado con Mónica García y Rita Maestre, pero que acabó con una paz firmada. Delgado aceptó formar parte de una candidatura unitaria después de un proceso de negociación en el que salieron a relucir los intentos del aparato de reducir drásticamente el censo de posibles votantes en las primarias; de esta forma, se asegurarían de que los candidatos elegidos fueran los adecuados. Es una paz, sin embargo, frágil. En Alcorcón, una de las poblaciones importantes para la formación, se ha interpuesto una demanda de medidas cautelares que pretende suspender las elecciones. Se acusa al sector oficialista de irregularidades en la confección del censo.Se señala cómo el censo autonómico se ha reducido de los 20.000 inscritos en 2023 a 1.000 con el nuevo reglamento de primarias. Sin embargo, en Alcorcón ha existido una incorporación masiva de personas en las últimas semanas que se ha producido, afirman, “al margen de la normativa interna del partido”. Ambos aspectos nacerían del deseo de la dirección de Más Madrid de asegurar el resultado de las primarias. El fin de ciclo Más allá de estos enredos, la tensión permanente en las formaciones de izquierda viene a subrayar que ha llegado el final de una etapa. Esta forma de hacer política, que se impuso entre quienes surgieron al hilo del 15M, emergió con la intención expresa de lograr estructuras más abiertas y favorables a la participación y se ha ido sustanciando en maniobras internas permanentes, en sustitución continua de cuadros, en una concepción meramente tacticista de la política y en luchas puramente personales. Las posiciones disponibles se reducen, las peleas por mantenerse en el barco se hacen más cruentas, la lucha por la supervivencia se sustancia con juego sucio. La situación la resume un dirigente de la izquierda: parafraseando a Gramsci: “Lo viejo se ha marchado, lo nuevo no ha llegado aún, y en ese interregno surgen los monstruos”. "No se quiere un líder, sino un candidato; se busca a una persona que consiga el máximo número de votos, pero al que se quiere tener bien amarrado" El agotamiento de la cultura política nacida en 2015 no sería un problema insalvable si el candidato/a del espacio, el que finalmente sea elevado a los altares, fuese capaz de actuar al mismo tiempo como líder de ruptura con ese mundo acabado y como impulsor del nuevo ciclo. Pero es un objetivo difícil de lograr porque “no se quiere un líder, sino un candidato; se busca alguien que consiga el máximo número de votos posible, pero al que se quiere tener bien amarrado”. En consecuencia, la izquierda se mueve en un peligroso vacío, a la espera de un giro de última hora que invierta la tendencia. La parálisis socialista A los socialistas esa situación les hace daño y, al mismo tiempo, les procura beneficio. Necesitan una izquierda sólida para tener opciones de repetir gobierno, pero si ese espacio no se asienta, lo natural sería que los votantes de izquierda virasen hacia un PSOE que se configura como el dique último para que el gobierno PP-Vox no tenga lugar. Esa llave de judo podría aparecer si los socialistas estuvieran compitiendo, pero atraviesan un momento de desorientación Sin embargo, el agotamiento no se da únicamente en las izquierdas, también Sánchez está dejando algunas señales de parálisis. Si el vacío se va apoderando del espacio progresista y se asienta la sensación de falta de arrojo y de ausencia de un proyecto diferente para los próximos años, los socialistas sufrirán. Si este frenazo se prolonga, afectará a todos. Hay algunas bazas que pueden favorecer a los socialistas. En la política hay algo de judo, de aprovechar el ímpetu del rival para derrotarle. Al PP le ha ocurrido con frecuencia, que ha visto al enemigo derrotado, se ha dejado llevar por la energía, y cuando se ha querido dar cuenta, estaba tumbado en el tatami. El 23-J fue la última ocasión. Y le puede ocurrir con los asuntos judiciales. La presión que está viviendo Sánchez contribuye a deteriorar su imagen, pero hay una línea muy fina que, si se cruza, invierte la tendencia. Si entre los ciudadanos progresistas prende la idea de que los tribunales no tratan igual a unos que a otros y que, por tanto, están orientados políticamente, la movilización de cara a unas elecciones será grande. Existe un vacío que, cuanto más dure, más difícil será de llenar. El agotamiento se ha apoderado de las izquierdas Ese movimiento, esa llave de judo, podría aparecer siempre y cuando los socialistas estuvieran compitiendo, pero atraviesan un momento de desorientación. Están apagados. En parte porque Sánchez se ha replegado en sus escasas figuras de confianza, lo que lleva a cierta pérdida de contacto con la realidad, y en parte porque creen que sus bazas consisten en hacer valer los números macro, la gestión realizada y la defensa del multilateralismo y el mundo abierto. Creen que con señalar a esa extrema derecha que se asentaría con un gobierno PP-Vox y con denunciar el lawfare sería suficiente para obtener un buen resultado en las elecciones. Los presupuestos harían el resto. Se trata de resistir. Pero esa perspectiva lleva a la inacción en un mundo que se mueve muy rápido. Con un Sánchez enrocado en sus posiciones de siempre y pendiente de las amenazas de imputación, los socialistas no están ocupando el espacio que están dejando libre las izquierdas. El PSOE está cogiendo aire y tratando de despejar balones. Este sería el instante de armar un plan y de buscar un terreno desde el que recuperarse, lo que permitiría convencer a parte de ese electorado que la izquierda está dejando huérfano. Sin embargo, lo que hay en el PSOE y en Moncloa es resignación y cierre de filas. Y como el espacio a su izquierda no está conformando y tampoco muestra ningún signo de vitalidad lo que se está generando es un vacío que, cuanto más se prolongue, más difícil será de llenar. El agotamiento se ha apoderado de las izquierdas. La política española flojea por la izquierda. El calor (llega el verano, en el Congreso solo habrá un par de plenos, los españoles se van de vacaciones) no está sentando bien a los progresistas. Mientras en el espacio Sumar vuelan los cuchillos de nuevo, Más Madrid comienza un proceso de primarias que se está complicando e IU está en la urgencia de elegir rápido un candidato, los simpatizantes de ese espectro ideológico están cada vez más desilusionados. En este tiempo de parálisis, la distancia con esos más de tres millones de electores que no quieren votar al PSOE se hace más grande.