Se asfixian de calor los franceses, se cuecen en sus bonitas buhardillas y mansardas parisinas y en sus pisitos de la banlieue, se ahogan bañándose en lagos y canales, colapsan las funerarias con cientos de muertos imprevistos, y dice su gobierno que va a enviar una misión a España para estudiar cómo convivimos con las altas temperaturas, y aprender de nuestra experiencia.

Ah, estupendo, bienvenue! Yo invitaría al primer ministro Lecornu a que viniese a mi ciudad, Sevilla, que de calores sabemos algo. Le podemos enseñar las horas exactas en que hay que bajar y subir persianas, la técnica de enjalbegar las fachadas en los pueblos, la tradición de sentarse al fresco en la calle con las vecinas, y hasta el funcionamiento del botijo, que es todo un invento.