El ministro de Trabajo de Francia, Jean-Pierre Farandou, confirmó que quiere realizar un "viaje de estudio" a España para ver cómo se adaptan las jornadas laborales durante las olas de calor extremo. El país vecino está sufriendo, desde el 17 de junio, uno de los episodios de calor extremo jamás vistos en toda su historia. En el pico máximo de la canícula, entre el pasado martes y jueves, la agencia nacional de salud pública francesa reportó más de 1.000 personas fallecidas por este calor extremo. Aproximadamente el 85% de las víctimas tenía 65 años o más y el 40% de las muertes se produjeron en domicilios. Un claro indicador de que el país vecino no está preparado para estos episodios, cada vez más frecuentes, con temperaturas que llegaron a superar los 40ºC en el centro del país.
Las autoridades francesas también informaron de que varias personas sufrieron paradas cardiorrespiratorias o golpes de calor mientras trabajaban al aire libre, sobre todo en sectores como la construcción, la agricultura o el mantenimiento urbano. La propia ministra de Sanidad, Stéphanie Rist, alertó de que entre los fallecidos había personas jóvenes, no solo ancianos, y mencionó estos episodios ocurridos durante la jornada laboral.










