El cambio de paradigma energético y comercial en los últimos años abre paso a un diagnóstico incómodo para la Unión Europea, que intenta reposicionarse en un tablero global en el que las principales armas de las guerras ya no son tanto militares como económicas. En este contexto, cobra fuerza la idea de que la UE ha quedado atrapada en lo peor de dos mundos mientras sus rivales cuentan con claras ventajas competitivas.Europa sigue siendo dependiente de los combustibles fósiles importados, el flanco por el que la golpean todos los shocks, pero, al mismo tiempo, ha impuesto a su industria unos costes de descarbonización que encarecen la producción y desincentivan los fósiles antes de que haya una alternativa verde lo suficientemente viable. La pérdida de cuota de mercado global en las principales ramas de producción industrial ha sido progresiva, pero las últimas crisis han acelerado el proceso. En especial, la guerra rusa en Ucrania, las nuevas políticas económicas estadounidenses y el conflicto en Oriente Medio.Esta disyuntiva fue uno de los principales temas abordados por los expertos del Observatorio Económico El Confidencial-Mapfre, que identificaron problemas de competitividad de la industria europea para los que todavía no existe solución a pesar de las múltiples iniciativas legislativas propuestas por el Ejecutivo comunitario. De hecho, los datos apuntan a una profundización de la crisis industrial en los primeros meses de 2026, coincidiendo con el cierre del estrecho de Ormuz y el aumento en los precios del gas al entorno de los 40-50 euros el MWh.Según las cifras de Eurostat, la industria manufacturera europea produjo en abril de 2026, último dato disponible, un 4,1% menos que en el mismo periodo de 2025. El descenso reciente en el volumen generado es especialmente acusado en Alemania, pero la decadencia es generalizada respecto al periodo prepandemia. Tanto la UE como la eurozona y las principales economías del euro (incluida España) registran caídas de producción tanto en la automoción como en la industria química en comparación con 2019.Durante el observatorio, José Manuel González-Páramo, presidente del Consejo de Administración de European DataWarehouse, advirtió de que “China está arrasando el tejido industrial europeo”, siendo el automóvil el principal afectado. La competencia se ha intensificado en los últimos años por el exceso de capacidad del gigante asiático, cuya demanda interna es reducida, gracias a disponer de una producción más barata, con acceso directo a las materias primas claves en la transición digital y la energética. Además, los aranceles estadounidenses implantados en 2025 han impulsado los desvíos comerciales hacia la UE a precios muy rebajados, acentuando el efecto.Para Judith Arnal, investigadora senior del Center for European Policy Studies y del Real Instituto Elcano, el déficit comercial de casi 400.000 millones de euros que la UE mantiene con China “indica que no somos competitivos”, si bien los expertos del observatorio coinciden en que los subsidios gubernamentales distorsionan la competencia justa. Lo cierto es que, poco a poco, la cesta exportadora china se ha ido pareciendo cada vez más a la alemana en productos de alto valor añadido, por lo que resulta más sustituible.En este aspecto, sobrevoló el debate sobre si las herramientas de defensa comercial de la UE están siendo suficientes. Los expertos coincidieron en que un instrumento que proteja a la industria europea del exceso de capacidad chino tiene una muy difícil configuración bajo las reglas de la OMC que, por otra parte, todas las demás potencias se saltan sin consecuencias. José Manuel Amor, socio de AFI, resumió así el problema instando a la acción: “En un mundo de locos, no se puede seguir yendo de cordero”.Otra dificultad derivada de la competencia de China es la dependencia, que supone un canal añadido de afectación a la industria. Según señaló Gonzalo de Cadenas-Santiago, subdirector de Mapfre Economics, las industrias alemanas ya son más dependientes de los insumos chinos que de los estadounidenses, un factor preocupante dadas las nuevas restricciones a las exportaciones de tierras raras implantadas por el gigante asiático en el último año.A todo este marco comercial se suman las diferencias en los costes energéticos: la industria europea es energéticamente dependiente del exterior, lo cual lastra especialmente su competitividad en épocas de crisis, pero, al mismo tiempo, tiene que hacer frente a unos costes de descarbonización que elevan los precios de sus productos y alteran los incentivos de inversión.Pedro Antonio Merino, exdirector de estudios en Repsol, puso el acento en que, si bien otras regiones del mundo tienen mercados de carbono que ponen precio a las emisiones de CO₂ para incentivar la descarbonización, el europeo es, con diferencia, el más caro, encontrándose actualmente en el entorno de los 80 euros la tonelada de CO₂ equivalente, según Bloomberg. Esto supone un factor añadido para la inflación industrial, impulsada de fondo por la subida del precio del gas de los últimos años.Según resaltó Merino, “la descarbonización es costosa”, si bien mantener una dependencia total de los fósiles importados que empeoran el cambio climático no es tampoco la mejor opción. El coste de la descarbonización, detalló, va más allá del pago del CO₂. Desarrollar e integrar los combustibles alternativos, como el hidrógeno o el SAF, encarece las cadenas de producción y complica los procesos, ya que se trata de productos todavía poco escalables. Además, alertó de que se está perdiendo capacidad fósil antes de tener con qué sustituirla. Un ejemplo lo da el queroseno, producto en el que la UE es deficitaria y cuya falta ha sido superior en la última crisis energética por el cierre de Ormuz y la menor producción, de fondo, de muchas refinerías.Dos datos resumen bien la situación: las empresas generadoras de energía y la industria manufacturera de la UE han sido los dos principales motores de la descarbonización, con una reducción de emisiones del 25% y del 13%, respectivamente, en 2025, respecto a 2019. Sin embargo, el transporte emite un 2% más de gases de efecto invernadero que antes de la pandemia y, en general, el mix energético continúa siendo un 57% dependiente del gas y del petróleo.Ante esta disyuntiva, Arnal propuso, además de continuar aumentando la electrificación de la demanda, “contemplar usos industriales en los que la descarbonización se produzca por vías distintas a las renovables”. Los expertos coincidieron en la necesidad de mantener las nucleares para ganar independencia energética en la UE sin emitir CO₂ y en que las renovables, aunque importantes, implican por el momento problemas de estabilidad y de saturación de redes que las baterías y las reformas para ampliar la capacidad todavía no pueden resolver.La Comisión Europea espera aprobar a finales de año un nuevo sistema de compra de derechos de emisión en el que se flexibilicen los objetivos de descarbonización para las industrias con mayores problemas, aunque, por otra parte, plantea encarecer el precio de la gasolina y del gasoil, lo que afectará especialmente a los consumidores.Se trata de una política que busca alcanzar los objetivos climáticos, pero que, en cierto modo, supone un doble rasero, según criticó Merino, ya que la UE descarboniza las industrias que aún conserva en su territorio, pero importa huella de carbono a través de los insumos de otras regiones climáticamente menos ambiciosas que necesita para mantener esas mismas industrias. La Comisión está tratando de abordar este punto débil, habitualmente criticado por la industria, con un instrumento pensado para cobrar por las emisiones incorporadas a los productos importados (CBAM), pero todavía tiene un alcance muy reducido.“Podemos quejarnos de la competencia injusta de China, pero nosotros nos hemos atado una mano”, resumió Merino, que no espera un giro sustancial en la política climática de la UE a pesar de las anunciadas intenciones de virar el rumbo para, al menos, frenar el declive de la industria comunitaria.
La doble amenaza a la industria europea: entre la competencia china y los costes de la descarbonización
Observatorio económico. El Confidencial & Mapfre Economics









