05/07/2026 19:25 Actualizado a 05/07/2026 20:34 No es un sitio de lujo pero sí un lujo de sitio. Aquí no están los turistas que se apiñaban, junto a miles de aficionados, en las rampas del Castell de Montjuïc, un reguero de gente de multitud de nacionalidades desde bastante antes de que la etapa arrancara en Tarragona.Aquí están los vecinos de siempre, los que han visto transcurrir la vida, los que se encuentran y se llaman ya no por el nombre o el apellido sino por el apodo o el diminutivo. El sol cae a plomo en el paseo de la Zona Franca, en la falda de Montjuïc. Los más veteranos tienen el brillo en la mirada, como si fueran de nuevo chiquillos. Evocan las bicis que montaban por las rampas de la calle del Foc por donde poco después bajarán a degüello los profesionales.Aquí no hay turistas viendo el Tour, aquí hay vecinos de siempre que recobran su espíritu de infanciaAquella BH, aquella Torrot, aquella Orbea con la que soñaban y que tenía que durar no para un tiempo, sino para siempre. Lo comentan mientras sacan una mesa de picnic y una bolsa con bebidas, sobre todo agua, pero también cerveza congelada que se pasan primero por el cuello para bajar la temperatura antes de ingerirla. El Tour ha venido a verles y ellos han acudido a abrazarlo. Quien no puede caminar bien llega en muletas y a una señora se le rompe la silla y va a por otra. La caravana publicitaria ya ha pasado, con su música, sus cláxons y su mercadotecnia en forma de productos lanzados a la carrera, para alborozo de unos cuantos niños que se emocionan con todo. Es lo que toca. Se trata de un carnaval previo, aunque lo importante es el encuentro y los recuerdos que se apiñan.En primera línea de valla unos vecinos clásicos, los incombustibles abuelos del defensa del Barça Gerard Martín, Antonia y Paco, que va ataviado con el maillot a topos del líder de la montaña, el que lució en la etapa el número 1 del ciclismo mundial, Tadej Pogacar. Unos metros más allá aparecen unos seguidores que llevan menos tiempo en el barrio. Son colombianos y están de dulce, por el brillo de su selección en el Mundial de fútbol y porque el ciclismo en Colombia es sagrado. Bailan al ritmo de La Morocha mientras sostienen una bandera con los nombres de sus ídolos, como Egan Bernal, Sergio Higuita o Harold Tejada. No va a ser la tarde de sus paisanos pero cuando los vean venir los van a ovacionar de lo lindo.Un grupo de vecinos del paseo de la Zona Franca espera el paso del Tour por su casaRAQUEL M. MARTÍNEZLa espera es larga pero amena. Se va acercando la hora del primero de los dos pasos por la zona. Así lo indican los lugareños, actualizados al minuto, pues están siguiendo la retransmisión en directo por los móviles. “Ya van por Sant Just”. “Ostras, qué rápido si ya están en plaza Espanya”. Lo que ha sido un tiempo tranquilo se precipita, se torna vertiginoso cuando transitan los coches y las motos que abren la carrera. Todo el mundo se agolpa entonces sobre el vallado, la mayoría, da igual la edad, con el inevitable móvil, y aparece el primer grupo, el de los importantes, el de los cracks.Ya han subido una vez al Castell y el pelotón se ha roto de manera ostensible. A lo sumo los primeros son cuarenta. Entre ellos manda el UAE de Pogacar. “Vamos, Tadeo”, se le jalea desde la banda. Muy cerquita de él el maillot amarillo, Jonas Vingegaard, y también el coequipier del esloveno, Isaac del Toro, generoso en el esfuerzo y que recibirá después su premio.Todavía queda la segunda vuelta por el barrio, con el pelotón aún más partido. Apenas han transcurrido diez minutos entre los dos pasos. Para entonces el que firma este artículo ha recorrido, al trote, el mismo camino que 34 años atrás para seguir la prueba desde el balcón de la casa de su infancia. Entonces, la carrera fue para llegar a la televisión para contemplar el final de los 20 kilómetros marcha de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Porque por donde ayer volaron en el descenso hacia la Zona Franca Pogacar y compañía, hace más de tres décadas subieron los marchadores, con el barcelonés Dani Plaza a la cabeza.Porque este no es un sitio de lujo pero sí un lujo de sitio, a tiro de piedra de Montjuïc, allá donde Barcelona ha lucido siempre sus mejores galas.
El Tour viene a casa: Un lujo de sitio, por Juan Bautista Martínez
No es un sitio de lujo pero sí un lujo de sitio. Aquí no están los turistas que se apiñaban, junto a miles de aficionados, en las rampas del Castell de Montjuïc, un reguero de gente de multitud de nacionalidades desde bastante antes de que la etapa arrancara en Tarragona. Aquí...















