Público con mosaico de vecinos, cotillas, locos de los pedales y turistas. Barcelona es este sábado capital mundial del ciclismo. El Tour de Francia ha comenzado en la ciudad con una contrarreloj por equipos y un calor tremendo. Un visto y no visto, el paso de los ciclistas, que por una vez muchos no han visto por la tele en el sofá de casa, sino en directo y al lado de casa. El recorrido, de casi veinte kilómetros, es un escaparate de la ciudad, y pasa por puntos de los que a Barcelona le gusta presumir: las playas, la cuadrícula del Eixample, la Sagrada Familia, o la Casa Batlló, en el paseo de Gràcia. La subida a Montjuïc también regala imágenes de cuestas y épica al paso de los equipos vestidos como astronautas aerodinámicos. Pasan del plano de la ciudad a cuestas del 5% y el 7%. En la retransmisión televisiva, las imágenes de los corredores se trufan con planos aéreos de otros puntos icónicos: el litoral, museos, las Tres Chimeneas, el nuevo Camp Nou...Dos horas antes que los corredores han circulado unas decenas de vehículos disfrazados (de fresa, de avión, de Astérix, de Spiderman) de la caravana publicitaria. Lanzan propaganda de las marcas: gorras, chuches, viseras, caramelos, cuentos, bolsitas, camisetas... Anunciada con gran fanfarria, y dicen los que saben que esta era una versión reducida, ha sabido a poco.En el público han triunfado los que se han traído paraguas para estar en la sombra, taburetes o la escalera plegable, la misma que sale a la calle el día de la cabalgata, para que los niños vean bien a los Reyes Magos. Con sillas de camping y pancartas animando a Pogacar y a Vingegaard, se han instalado Nacho, su mujer y sus tres hijos. De Cabrils, no muy lejos de Barcelona, han venido expresamente. Junto a ellos, Júlia, Miquel y otra pareja con niños. Los primeros suelen escaparse algún fin de semana a Francia para seguir una etapa de la carrera. Hace pocos días subieron al Tourmalet, Júlia, que va en silla de ruedas, en una handbike, una silla de ruedas habilitada para pedalear con las manos y asistencia eléctrica. Nacho señala a los niños y asegura que “en otra vida” salía mucho a rodar. Otro grupo son los expertos. Como Jaume: esperando a la sombra con un periódico deportivo y transistor. “Recorrerán los 20 kilómetros en 20 minutos, cuando alguien normal pedaleando tardaría una hora y media. Van como balas”.Después de años persiguiendo ser sede del Grand Départ, y con complicidad entre la Federación Catalana de Ciclismo, la Volta a Catalunya, el Ayuntamiento y la Generalitat, Barcelona, que fue cuna del ciclismo en España, se ha volcado con el Tour de Francia, que le cuesta a la ciudad ocho millones de euros, más lo que se destine a servicios urbanos. El amarillo ha tomado algunas de las calles del recorrido, con banderolas, las gorras con visera que reparte el Ayuntamiento y 70 kilómetros de vallas para delimitar la carrera, si se suma el día de la presentación de los equipos, la etapa de este sábado y la del domingo, con salida en Tarragona. El corte de tráfico de este sábado blinda media ciudad y es insólito: afecta a la mitad de Barcelona, en horizontal, de la calle de Aragó al mar. Ha habido algunas quejas de vecinos y comerciantes, pero los responsables municipales insisten en que vale la pena, que los beneficios superarán las molestias. También en total, estiman que el público de los tres días las 850.000 personas.La Sagrada Familia ha sido uno de los puntos más concurridos, hasta el punto de formarse cola en el puente provisional que se ha montado para ir de un lado a otro del recorrido cerrado. En la Meridiana con Aragó, también se ha formado cola, de riders, repartidores de comida con sus bicis esperando cruzar. Y de gente que subía de la playa, acalorada: con las bolsas de toallas, las sombrillas y las neveras. En zonas peatonales o con terrazas, los aficionados más veteranos tenían calculado el tiempo entre la caravana y la carrera para ir a echarse unas cervezas. Como tres franceses de vacaciones en Barcelona, vestidos con el equipo completo: gorros y camisetas de los equipos o oficiales del Tour y una pancarta gigante con un “merci”.Los más enfermos de ciclismo y de Tour han hecho caso omiso del calorazo y, valientes, se han desplazado hasta la zona del Fòrum, recalentado como pocos sitios de la ciudad, por el asfalto y el cemento, y se han plantado tras las vallas a esperar a los equipos.En el Tour de 2026 participan 23 equipos, 184 corredores que recorrerán 3.320 kilómetros en 21 etapas, hasta la llegada a París el 26 de julio. En total, pedalearán para subir 54.000 metros de desnivel positivo en una carrera que marca las retransmisiones televisivas de mediodía y primera hora de la tarde (110 horas de directo) y se retransmite en 190 países, con 500 medios y 3.500 periodistas acreditados. La segunda etapa, este domingo, saldrá de Tarragona y llegará también a Montjuïc: 168 kilómetros, por la costa y Begues. En la tercera etapa (Granollers-Les Angles) la cosa se pone seria y entra en el Pirineo.
La contrarreloj del Tour de Francia ya rueda por Barcelona: “Van como balas”
La capital catalana, escaparate del Grand Départ, con la primera etapa que pasa por las playas o la Sagrada Familia y acaba en Montjuïc















